Amar es un acto de valentía

El rechazo en el amor es uno de los temas más recurrentes que trabajo en el consultorio. Ya sea porque una persona ha sido rechazada o porque teme ser rechazada en el amor.

El miedo al rechazo se manifiesta como temor a que la persona a la que amamos nos deje de amar, o temor de que el amor que sentimos por alguien nunca sea correspondido. Inclusive, he trabajado con personas que deciden no amar y protegerse a causa del miedo tan inmenso que tienen al rechazo. 

Amar es el acto de valentía más grande que hay, pero ¿qué pasa cuando nos atrevemos a amar y no sale como lo queríamos?, ¿qué pasa con el temible rechazo en el amor?, ¿y qué hacer cuando el amor no es correspondido?

Recuerdo la primera vez que mi amor fue rechazado, yo tenía 15 años y después de cortar y regresar varias veces, mi primer novio me paró en seco, mi primer novio me rechazó. No sólo estaba enamorado de alguien más, estaba enamorado de mi mejor amiga. Mi corazón se rompió en mil pedazos, pero gracias a Dios el corazón solo se nos rompe por primera vez una vez en la vida. Fue una experiencia tan enriquecedora que aún sigo aprendiendo de ese rechazo y los que le han seguido.

Por lo general vemos el rechazo en el amor como un fracaso y uno de los mitos más erróneos que existen, es que el fracaso es lo contrario al éxito y que es permanente, pero esto no es así. Mucho menos en el amor. A pesar de que el rechazo en el amor se siente como el fin, no lo es. Un corazón eventualmente sana y el amor siempre regresa.

Sin duda, lo mejor que nos puede pasar en la vida es amar y que este amor sea correspondido, pero lo segundo mejor que nos puede pasar es que este amor no sea correspondido. Debemos cambiar el concepto de rechazo por redirección, ya que en realidad lo que estamos perdiendo es meramente una idealización del futuro a la que nos aferramos. El rechazo nos ayuda a soltar esa idealización y nos redirecciona un paso más cerca de donde queremos llegar. 

Por otro lado, es fácil tomarnos el rechazo como algo personal. ¿Qué hice mal?, ¿qué me faltó?, ¿qué me sobró? La realidad es que no hay nada mal contigo y el que una persona no quiera estar a tu lado no dice nada de ti, sino de la otra persona. Tampoco hay que comprarnos la idea de que al rechazarte, esa persona se está perdiendo todo lo increíble que eres, porque a mí me han dicho eso y en algún lugar lo he leído y la idea no termina de convencerme. No me convence porque la manera en que las demás personas nos ven, no dice nada de nuestra persona, sino de lo que cada quien busca, quiere y proyecta en nosotras o nosotros. Seguramente todos somos increíbles de diferentes maneras, pero eso no significa que lo seamos para todas las personas. 

Como es costumbre, me encanta hablar en analogías y la manera en la que platico del rechazo con mis pacientes es con la analogía de una heladería. A mí, en lo personal me encanta el helado, puedo comerlo de cualquier sabor, aunque mi favorito es el de chocolate. Pero en ocasiones he llegado a la heladería con antojo de cualquier sabor, excepto de chocolate, ¿acaso podríamos decir que hay algo mal con el helado de chocolate?, claro que no, pero en ese momento no quiero chocolate, así como tampoco podríamos decir que hay algo mal con ningún otro sabor los días que sí elijo el de chocolate. Existen personas a las que en general ni siquiera les gusta el helado, pero eso no significa que haya algo mal con el helado. Solo hay gustos, necesidades, intereses, historias y demás factores que influyen en lo que cada persona quiere. 

Por lo que si a ti te han rechazado en el amor, mi recomendación es que no te aferres en que la otra persona vea tu valor para que tú puedas ver tu valor. No hay nada mal contigo porque alguien te rechaza o no te corresponde. El que una persona decida estar contigo o no, nada tiene que ver con tu valor. Es importante reconocer nuestro valor independientemente de si alguien más lo puede ver o no.

Si te interesa este tema, te recomiendo el episodio X de mi podcast “Supera el miedo al rechazo en el amor” que puedes escuchar en Spotify, Apple Podcast y Youtube. De todos modos aquí nos leemos la próxima semana en otro artículo.

Hace unos años me enamoré inmensamente de una persona. Comenzamos con una amistad, él estaba sanando de su relación pasada y yo era relativamente nueva en Los Ángeles y quería conocer gente. Por lo que pensamos que era la combinación perfecta para una amistad. Hasta que dejó de serlo. Cada quien organizaba un plan para enseñarle a la otra persona un cachito de su mundo. Yo me envolví en el suyo y él comenzó a ser parte del mío.

Hablábamos todo el día y toda la noche hasta que fue evidente que la atracción era indudable. Tuvimos la conversación en la que coincidimos que valía la pena intentar una relación y así lo hicimos. Yo cada día me enamoraba más de él y sentía como él me veía con sus inmensos ojos turquesas y me gustaba el reflejo que veía en ellos. Hasta que un día me paró en seco, de la nada me dijo que necesitaba tiempo porque estábamos demasiado involucrados y él seguía sin sanar sus heridas.

¿Qué?, ¿tiempo?, pero si apenas nos estábamos conociendo. Me llené de miedo y le dije que no podía dárselo porque yo no creía en tiempos. Terminamos bien, sin dramas ni enojos, es más, esa noche caminamos de la mano horas por Culver City despidiéndonos y antes de irse nos abrazamos por más de 10 minutos y se cerró la puerta trás de él. Yo fui al punto más lejano de la puerta para poder llorar y en caso de que él regresara no me escuchara, pero no lo hizo.

En mi inmensa arrogancia yo pensé que volvería y por 6 meses esperé que regresara. Hasta que comencé a aceptar que nunca sabría nada más de él y por más que me resistía, los recuerdos se me comenzaron a escapar. Primero olvidé su voz y los recuerdos quedaron en silencio, después olvidé su risa, poco a poco olvidé su olor y así los recuerdos se hicieron escasos en silencio y a media luz. Dejó de ser lo primero que pensaba al despertar y lo último antes de ir a dormir y así lo solté y dejé de pensar en él.

Pasó un año y medio después y recibí un mensaje que decía “Pensando en ti ¿cómo estás?”. Sinceramente no tenía idea quién era y después de un intercambio de mensajes me dijo que era él. Un año y medio después regresó, ¿acaso podríamos retomar algo después de tanto tiempo?

Lo que pasó después me sorprendió, lo escuchaba pero no lo encontraba a él. Lo veía, pero no era él. No podía encontrar a la persona de quien me había enamorado, ni siquiera al amigo que alguna vez fue. Veía sus ojos turquesa y por alguna razón habían perdido su brillo y los veía como cualquier par de ojos verdes. Estaba confundida y no sabía qué pasaba.

Después de tanto tiempo lo había bajado del pedestal y por ende podía verlo con más claridad. 

Probablemente el tiempo de separación nos había convertido en dos personas completamente distintas a las que se despidieron esa noche de octubre hace casi dos años atrás. No me gustaba lo que decía, lo que hacía, ni cómo lo hacía. Era como revivir una escena de la película “Practical Magical”, en la que Nicole Kidman con sus poderes de bruja resucita a una ex pareja de la muerte. Era el mismo cuerpo, pero habitado por alguien más. Así me sentía yo con él, ¿quién era esta persona? y ¿qué había pasado con esa persona con la que me había sentido tan conectada? Decir que salí corriendo sería una atenuación. No podía creer todo el tiempo que había invertido pensando en él y en su regreso.

Una vez que me cayó todo como balde de agua fría decidí acudir a mi refugio favorito, los libros. Quería entender qué había pasado y por qué había sido el cambio tan drástico como para que no pudiera reconocer a la persona había regresado. Entonces entendí que cuando una relación termina, aunque la persona regrese nunca regresa la persona que se fue, porque estamos todo el tiempo en constante cambio. A veces fantaseamos con regresar a una relación que terminó, de hecho es una de las cosas que más me piden cuando trato casos de ex parejas, —¿Cómo puedo regresar con mi ex?—. A decir verdad, si la relación terminó, terminó y es importante sanarse y si es necesario hay que llorarle, pero si decides regresar con tu ex pareja te recomiendo que estés consciente que estás empezando una nueva relación con alguien que crees conocer pero aún te queda mucho por descubrir. 

Más de una vez he escuchado —Pero ya no es la persona de quien me enamoré— y es verdad, pero tú tampoco lo eres. Estamos en constante cambio y si deseas que regrese tu ex pareja abre bien los ojos y bájale del pedestal, porque puede regresar como una ex pareja del más allá.

Si te interesan estos temas te recomiendo escuchar mi Podcast que lo puedes encontrar en Spotify, Apple Podcast o Youtube. Si este tema te interesa particularmente, te recomiendo el episodio #14 “Supera el querer regresar con tu ex”. También puedes encontrarme en Instagram donde todas las semanas comparto información de relaciones, sexo y amor propio. De todos modos nos leemos aquí la próxima semana.

Por alguna razón buscamos nuestro valor o aquello que sentimos que nos hace falta, de forma externa. Buscamos aquello de lo que carecemos en los ojos de otras personas, en nuestros logros, en nuestras posesiones y las experiencias que vivimos. 

Hace un tiempo escuché una analogía que me pareció excelente y es muy apropiada para ejemplificar esto que les estoy compartiendo; imagina que estás justo a punto de salir de tu casa con las llaves del auto en mano y justo antes de salir las tiras por accidente e inmediatamente se va la luz en tu casa, haciéndote imposible encontrarlas. Las buscas entre la obscuridad sin éxito y cuando te asomas por la ventana puedes ver que el alumbrado público tiene luz por lo que decides salir a buscar tus llaves donde puedes ver. Después de unos minutos, un amable vecino te ve buscando tus llaves y se ofrece a ayudarte a buscarlas. Tras buscar sin éxito el vecino te pregunta –¿Dónde perdiste las llaves? –a lo que tú le respondes –Dentro de mi casa, pero se fue la luz por lo que decidí venir aquí afuera donde hay luz y buscarlas –. 

No es necesario explicar la respuesta del amable vecino tras esa respuesta y conducta tan ridícula, sin embargo nos sirve como una dramatización de aquello que hacemos cuando sentimos un vacío interno, intentamos buscar en nuestro exterior eso que sentimos que nos hace falta dentro. 

La razón por la que deseas lo que deseas; llámese una relación, un trabajo, una posesión, una vivencia; es porque crees que eso en particular te va a hacer sentir amor, paz, seguridad o felicidad. Es por eso que las deseas con tanta fuerza y cuando no las obtienes sientes un vacío aún más grande, e incluso una vez que logras obtener lo que deseas te das cuenta que ahora quieres algo más y eso que has logrado ha perdido el sabor. Esto sucede porque estás buscando obtener una sensación con cosas externas, cuando en realidad, las verdaderas sensaciones que llenan esos vacíos, únicamente tú puedes dartelas. No son las cosas o los sucesos como tal los que determinan cómo nos sentimos, sino las historias y la interpretación que le damos a aquello que vivimos.

Piensa en algo que deseaste con todo tu corazón y que pensabas que una vez que lo consiguieras tu vida se sentiría “completa”. Puede ser que se te venga a la cabeza algún puesto de trabajo, alguna posesión como un coche, tal vez esa relación que tanto anhelabas o la familia que siempre soñaste. Una vez que lo lograste, casi en automático deseaste algo más, permitiéndote disfrutarlo por solo escasos minutos, si es que no te quitaste el mérito o menospreciaste el logro con pensamientos como “esto es algo que cualquier persona hubiera logrado” o “no es tan especial después de todo”. 

A decir verdad, cualquier cosa que desees para sentir completitud no te dará la satisfacción que estás buscando si no logras primero tu propia entereza. El actor Jim Carrey, dijo en alguna ocasión que ojalá tuviéramos toda la fama y dinero desde un principio para darnos cuenta que eso no es lo que nos da la plenitud. 

Te invito que analices y respondas este ejercicio:

1.- Piensa en aquello que deseas con toda tu fuerza: puede ser una relación con esa persona específica, tener una familia, conseguir un puesto de trabajo, alguna posesión o un estilo de vida ¿qué es?

2.- Una vez que lo tengas identificado completa esta frase: Ahora que tengo en mi vida (lo que deseas tener), me siento (completa con la mayor cantidad de emociones, sensaciones o sentimientos que se te vengan a la cabeza).

3.- Ahora que lo has identificado, piensa en cuándo fue la última vez que deseaste algo que podía hacerte sentir de la misma forma. ¿Lo lograste? ¿Cumplió tus expectativas de sensación/emoción?

Recomiendo ampliamente proponernos objetivos y trabajar hacia ellos. Creo que el desafío está en intentar llenar vacíos o determinar nuestro valor en ellos.

Cuando empiezo a trabajar con una persona que viene a terapia por desamor, invariablemente me preguntará lo mismo –¿Cuánto tiempo tardaré en olvidar a mi ex?– . Es algo que me resulta interesante, pero les entiendo, ya que yo misma me he hecho esa pregunta cuando he pasado por el proceso del desamor.  

Vivimos en una era en la que todo aparenta tener una solución rápida, lo que en inglés llaman “quick fix”. Queremos encontrar a nuestra alma gemela en una aplicación únicamente deslizando el dedo en la pantalla; esperamos bajar de peso tomando alguna pastilla sin la más mínima intención de mover un dedo; esperamos que con tan sólo firmar un contrato civil y otro ante nuestra respectiva iglesia encontraremos el “felices para siempre”, pero no tenemos la disposición de hacer nuestro trabajo personal y trabajar la relación. En el desamor la idea del “quick fix” no es una excepción, las personas que vienen a terapia ya sea por valentía o por desesperación están buscando lo mismo, una salida rápida al dolor.

Pensamos que el dolor es una tragedia e intentamos todo para salir de él. En terapia utilizó la analogía de que el dolor y el desamor se sienten como si nos lanzaran al mar abierto y no supiéramos nadar. Con terror ante el no saber qué hacer, es tentador aferrarnos a cualquier objeto flotante para darle uso de bolla, y al sentir que lo soltamos, la sensación de desesperación regresa. ¿Acaso no es esto lo que nos ocurre cuando saltamos a una nueva relación para evitar el dolor de la anterior, o cuando adoptamos un nuevo vicio destructivo como el alcohol, la fiesta o las apuestas para anestesiar esa herida? El aferrarse a una de estas “bollas” te dará la falsa sensación de que estás a salvo, sin embargo, si la sueltas seguirás justo en el mismo lugar, en medio del mar y sin saber nadar.

Al empezar la terapia con mis pacientes les hago saber que a lo largo de las sesiones les brindaré las herramientas necesarias para aprender a nadar, pero que será su esfuerzo, práctica y paciencia lo que en realidad les sacará del mar abierto para poder llegar a donde desean. Dicen que la suerte es cuando la preparación y la oportunidad se juntan, a mí me gusta pensar que el sanar es cuando el trabajo interno y el momento indicado se encuentran.

Para aprender a nadar y desenamorarte de tu ex no habrá un camino fácil, ni una pastilla o una aplicación que sane tu corazón. Será el tiempo y lo que hagas con ese tiempo lo que te llevará a sanar.

El amar es algo natural y no podemos apagar el amor por otra persona como si se tratara de un botón. A través del estudio, la práctica con mis pacientes y por mis vivencias personales, he aprendido que para desenamorarse de una ex pareja la única solución eficiente es enamorase de uno o de una misma, y con ese amor propio intentar llenar el vacío. Las personas no se olvidan, se superan y si quieres superar a tu ex debes comenzar a enfocarte en ti y en la persona que quieres ser cuando este proceso termine.

A pesar de especializarme en rupturas, estoy completamente segura que no hay un remedio rápido. El enamorarse de una o de uno mismo no es un proceso que tome poco tiempo y en muchos casos tampoco resulta ser tan sencillo. Así como nadar en mar abierto, al principio te costará mucho trabajo, eventualmente tus brazadas serán más fáciles, de vez en cuando habrá olas grandes y desafiantes que podrán darte la sensación de retroceso, pero si continúas braceando siempre lograrás llegar a la costa, a salvo.

Es probable que en repetidas ocasiones la vida te lance nuevamente al mar del desamor, pero cada vez tendrás más herramientas y más experiencia para nadar en dirección al amor propio y superar a tu ex.

Al terminar una relación amorosa parece tentador buscar a un o una suplente para el vacío que ha dejado nuestra ex pareja. En mi experiencia como terapeuta de rupturas, puedo ver que es una de las conductas que mis pacientes más intentan hacer después de terminar una relación.

Estas son algunas de las muchas razones por las que saltar de una relación a otra relación no solamente es una mala idea, sino que está contraindicado.

1.- El fantasma de tu ex: Si saltas de una relación a otra sin haber superado y elaborado correctamente el duelo de tu ex pareja, es probable que aún sientas presente a tu ex. Puede ser que compares a esta nueva pareja con todo lo que hacía o no hacía tu ex. De la misma manera en vez de ver de forma objetiva que la relación anterior no funcionó por algo comienzas a idealizar a tu ex y la relación.

2.- Haces más largo tu proceso de sanación: parte del proceso de elaborar correctamente un duelo tras una ruptura es poder ver la relación de forma objetiva. Si saltas de una relación a la otra, simplemente estás alargando lo inevitable. Puede ser que como paliativo la siguiente relación te sirve para distraerte del dolor un tiempo, pero inevitablemente el dolor que conlleva una pérdida llega.

3.- Arrastras y sumas duelos: Puede ser que sientas que pudiste olvidarte de tu ex con una nueva persona y que saliste intacto o intacta del duelo. Sin embargo, un fenómeno interesante es que en estos casos se acumulan los duelos y a veces lo más insignificante hace que la persona se conecté con el dolor de esa pérdida no elaborada y no sepa a qué se deba. O inclusive que la segunda relación termine y le caiga como agua de balde frío ambas pérdidas y se complique un poco más un proceso que de por si es complicado y no muy grato.

4.- Es injusto: Empezar una nueva relación sin haber superado tu relación anterior es injusto para la nueva persona y para ti. Nadie quiere dormir en la misma cama que su pareja y el fantasma de su ex. Saltar de una relación a la que sigue puede lastimar a una tercera persona que en verdad no tiene la culpa de que no hayas querido elaborar tu duelo de forma saludable.

5.- Repites patrones: Dicen que si no vas a terapia se te aparece el fantasma de tu ex en una nueva relación. Esto puede ser muy cierto porque al escoger nuestras relaciones repetimos patrones de forma inconsciente. Puede ser que decidas empezar terapia para identificarlos o que por tu cuenta propia así lo hagas. Tener un tiempo para ti después de una ruptura es una gran oportunidad para poder evaluar qué focos rojos ignoraste al principio de tu relación y al identificarlos difícilmente los repetirás en tu futura relación.

El duelo, duele. El terminar una relación ya sea por decisión propia o porque nuestra ex pareja así lo decidió es doloroso. Al elaborar un duelo tenemos diferentes opciones y la mejor no siempre es la más fácil. El periodo después de una ruptura es una oportunidad única para re-descubrirte, re-inventarte, re-construirte y ser una mejor versión de ti. Permítete sentir tristeza, enojo, frustración, miedo, confusión y todas las emociones que visites en el duelo. Absolutamente cada una de ellas es temporal y, a pesar de que a veces parecieran interminables, eventualmente pasan.

Como dice mi papá, “el tiempo todo lo cura, pero el tiempo necesita tiempo”. El duelo no es un proceso fácil, pero si lo elaboras correctamente saldrás siendo una persona más fuerte y más sana y, por ende, tendrás una relación más consciente y sana ya sea contigo misma o mismo o con alguien más.

Cuando era niña escuchaba con tristeza y atención de los campos minados en países como Camboya y Egipto. Son campos abiertos donde soldados enterraron explosivos y ya una vez que las guerras terminaron los explosivos siguen ahí. La gente local, sin saberlo, al caminar por los campos detonan estas minas al pisarlas.

A pesar de que es sabido que el duelo es un camino pantanoso y complicado, nadie nos habla de los campos minados que dejan las rupturas amorosas. Son cinco las etapas del duelo (negación, negociación, enojo, tristeza y aceptación) y puede ser un proceso frustrante ya que nadie realmente puede apagar sus emociones o decidir de manera racional cuando debe dejar de doler. Para atravesar el duelo de forma sana, hay que sentarse con cada una de las emociones y escucharlas, mirarles a los ojos y aprender lo que vienen a enseñarnos. Pero, junto con mis pacientes, he descubierto que existe un fenómeno del que nadie nos había advertido, las minas terrestres.

El duelo es como un campo de batalla, donde luchamos y hacemos todo para salir victoriosas y victoriosos. Sin saber que del duelo no se puede salir ileso y lo mismo pasa con la guerra.

Entrar en los campos minados del duelo, son los momentos en lo que sientes que por fin empiezas a ponerte de pie o más bien te sientes más en paz y sin deberla ni temerla pisas una mina. Te encuentras detalles que en su momento fueron insignificantes, pero no esperabas encontrar. Puede ser que abras tu maleta de baño y te encuentras su bote de gel (ese que pasó tanto tiempo buscando) o al arreglar tu closet aparece su playera favorita que olvidó o tal vez simplemente a una red social le parece buena idea recordarte ese viaje que tuvieron hace un año. La sensación es física, algo explota dentro de ti y un tótem del pasado te recuerda todo lo que llevas tiempo trabajando para sanar.

Las minas terrestres son dolorosas y lo que las hace tan dañinas es que son inesperadas. Si estás empezando con el proceso del duelo es importante que sepas que puede quedar un camino minado o si de la misma manera, sientes ya estar al final de este recorrido y se te ha detonado una mina, te tengo unos consejos que pueden ayudar.

  1. Haz una lista de gratitud; esto cambiará tu estado de ánimo. En vez de ver que es lo que te hace falta (tu ex) asegúrate de agradecer todo lo que ya tienes. Inclusive puede ser agradecerte a ti misma o mismo por lo fuerte que has sido en este proceso, tal vez al tomar la decisión de terminar la relación o de lo contrario por permitirte hacer una nueva vida sin tu ex. Agradece las cosas, las personas, circunstancias, momentos, todo lo que pueda ayudarte a cambiar el enfoque de la carencia a la gratitud.
  2. Medita; la mina detonada te puede llevar a momentos del pasado o inclusive a fantasear con saber qué hace y/o con quién está tu ex. El meditar te permitirá regresar al aquí y el ahora porque al final del día es el único momento que en verdad tenemos. De nada nos sirve que nuestra atención y energía se vayan con nuestra o nuestro ex. Regresa a donde estás, pon atención en los detalles que te rodean AHORA. Si necesitas más información en este tema te recuerdo el artículo que escribí sobre la meditación durante la ruptura amorosa.
  3. Permítete sentir; tal vez la mina te detonó tristeza, ansiedad, confusión, esperanza, enojo, frustración, desesperación o tal vez todo junto. Permítete sentirlo, date la oportunidad de sentir cada una o todas estas emociones a la vez. Recuerda que estás sanando y no podemos decidir qué emociones aparecerán en el camino.

El proceso del duelo es una oportunidad increíble para reinventarnos y renacer de lo que a veces se sienten como cenizas. Es un proceso de sanación y al igual que cuando se rompe un hueso duele, el proceso de sanar un corazón también duele. Absolutamente todas las emociones son temporales y eventualmente pasarán, sí, inclusive esa que estás pensando que será interminable, esa también pasará.

A diferencia de los campos minados reales, los campos minados que deja un ex no tienen estragos permanentes. Después de sentir una gama de emociones la paz vuelve y regresas al lugar donde estabas antes de encontrarte y detonar esa mina solo que está vez un poquito más cerca de sanarte por completo. No pierdas la esperanza y recuerda que, esto también pasará.

“Te doy la bienvenida al duelo tras la ruptura amorosa. Estás por atravesar una montaña rusa de emociones por lo que te sugiero abroches tu cinturón y asegures tus pertenencias porque habrá subidas y bajadas y una que otra vuelta inesperada. Sin embargo, si logras abrir bien los ojos en el proceso, al final agradecerás haberte subido esta montaña rusa“.

Tal vez así debería comenzar las sesiones cuando alguno de mis pacientes termina una relación amorosa. El trabajar con personas que han sido lastimadas en el amor es una de los trabajos que más disfruto hacer. Es un proceso increíble ver cómo una persona que llega al consultorio en uno de los momentos más dolorosos y vulnerables tiene la oportunidad de atravesar un proceso de reconstrucción donde re-acomoda sus piezas en una versión más fuerte, sensible y consciente de sí misma o mismo. Es como ver al ave Fénix renacer de sus cenizas, es ver como del dolor profundo surge una mejor versión de sí.

En esta montaña rusa se atravesarán 5 etapas del duelo. Como cualquier montaña rusa, el duelo no es una escalera. Lo que significa que no por haber atravesado una etapa no regresarás a ella. Puede ser que saltes de una a otra y no necesariamente en un orden establecido.

La primera etapa es la negación o shock. Esta etapa sirve para amortiguar la noticia y le permite a nuestra psique re-acomodar la nueva realidad. La nueva realidad es que la relación terminó y puede ser que lo primero que pensemos es “no puede ser, va a cambiar de opinión o va a venir a convencerme para que yo cambie de opinión” o simplemente “Estoy bien, no me dolió tanto”. Pasan las horas o inclusive los días y empezamos a dejar de negarlo y podemos ver que en verdad la relación se terminó y que esto nos afecta.

La segunda etapa es el regateo o negociación. Pensamos que, si actuamos de cierta forma, si nos vemos de cierta forma o si cambiamos las cosas que no le gustaban a nuestra ex pareja entonces podremos recuperarle. También en esta etapa puede ser que empezamos a salir con alguien más porque pensamos que “Un clavo saca otro clavo”. Es en este momento cuando pasamos horas intentando cambiar, pensando que de esta forma nuestra ex pareja regresará o se arrepentirá.

La tercera etapa es el enojo. Puede ser que una vez que ya no estemos en negación, hicimos todo para que nuestra pareja regresara y no regresó. O el clavo con el que intentamos sacar de nuestra cabeza y de nuestro corazón a nuestra ex pareja no funcionó. Entonces sentimos enojo. Puede ser enojo hacía nuestra ex pareja, hacía nosotras o nosotros mismos o inclusive hacía cualquier otra persona que nos rodea. Puede ser un momento en el que todo nos molesta, todo nos incomoda y nadie nos cae bien.

La cuarta etapa es la tristeza o depresión. Dicen que detrás del enojo se esconde una tristeza. Esta etapa puede ser posiblemente más fácil de identificar porque es cuando nos sentimos tristes y sin motivación. Puede manifestarse como falta de energía, falta o exceso de apetito, llorar, perdemos interés o placer en las cosas que nos gustan, insomnio o hipersomnia.

Por último, es la aceptación. No significa que por haber una aceptación ya no nos duele o que hemos olvidado a nuestra ex pareja. La verdad es que la gente no se olvida, sino que se supera y en esta etapa lo que significa es que aceptamos que la relación se terminó. Podemos recordar a nuestra ex pareja pero ya no nos genera el dolor y/o el enojo que pudimos haber sentido.

Si estás en la montaña rusa del desamor sé paciente. No es fácil y muchas veces el dolor puede ser tan fuerte que nos duelen partes que no sabíamos que podían doler. Recuerda que todo pasa y que a pesar de que puede parecer interminable, el dolor también pasará. Espero que tu recuperación sea pronta y que en este momento tan doloroso trabajes en ti y pueda ser un periodo de transformación. Te recomiendo buscar terapia para obtener las herramientas necesarias para poder trabajar en ti.

“No me lo dijo, pero me lo hizo saber, él ya no me quería”, relata Alina, una mujer de 34 años quien terminó con su novio con quien estuvo 4 años y ahora busca terapia.

Fue hace un par de meses cuando entró a mi consultorio con el objetivo de sanar sus heridas e identificar el por qué sigue el mismo patrón en sus relaciones de hombres inmaduros.
Estos últimos meses, Alina había estado tan tranquila, disfrutando de los aprendizajes de su duelo y completamente segura de no querer regresar con su ex pareja. Entonces vino el confinamiento.

Durante nuestra sesión online, Alina me compartió que no podía dejar de pensar en él, lo extrañaba como no lo había hecho en los últimos meses y estaba sorprendida que, a pesar de ella haber tomado la decisión de terminar, él nunca la volvió a buscar arrepentido por no haberla valorado. Mientras Alina relataba llorando su sentir durante la cuarentena, se quedó en silencio y alzando la mirada mojada me preguntó, “¿Qué pasó? Yo estaba tan bien y tan segura y ahora tengo estas ganas insoportables de buscarle”.

Entonces, yo me pregunto ¿Qué sucedió? ¿Será que Alina después de dos meses pudo sentarse y aceptar su tristeza? ¿Acaso reconoció los vacíos que la ausencia de su ex pareja había dejado en el departamento en el que alguna vez vivieron juntos? O ¿Quizás el estar sola en un departamento en confinamiento le estaba jugando una mala broma a su mente?

A nivel mundial se ha reportado un incremento en los niveles de ansiedad y de tristeza por el confinamiento, pero ¿qué pasa si sumado a esto alguien ya estaba atravesando un duelo? ¿qué se hace?

La tristeza y la ansiedad ya son emociones por las que atravesamos durante el duelo y es posible que el estar en confinamiento se reducen las opciones para distraer la mente y lo único que nos queda, es sentarnos con ellas y aprender lo que tienen que enseñarnos.
Si estás atravesando un duelo como Alina y el confinamiento te ha afectado de una manera sorpresiva, no te desesperes. Como terapeuta de pareja y tanatóloga de relaciones, estas son mis recomendaciones:
Lo primero que es importante tomar en cuenta es que todo es temporal y la tristeza o incomodidad eventualmente pasarán.

  • No te recomiendo que busques a tu ex pareja porque esto alentará tu proceso de sanación.
  • Escribe, se ha demostrado que escribir y tener un diario nos ayuda a tener claridad y sentido de dirección
  • Medita, ayuda a bajar el nivel de estrés y ayuda con los pensamientos obsesivos que se presentan en el duelo.
  • Haz actividad física, aunque no puedas salir, busca un lugar donde puedas seguir un video en línea para mantener actividad, aunque sea tres veces por semana.
  • Consiéntete, prepárate tu comida favorita, date un baño en la tina con velas, ponte una mascarilla o lo que sea que te ayude a sentir que te estás mimando.
  • Habla con una amistad o familiar con quien puedas platicar de tus cosas y también puedas reír.
  • Por último, permítete sentir lo que estás sintiendo y si son emociones incomodas recuerda que estos también pasarán.

Nota: El nombre y edad real de mi paciente han sido cambiados para proteger su identidad.

Hace unos meses terminé una relación muy importante para mí. Aun siendo tanatóloga y especialista en rompimientos de relaciones me topé con todos los fantasmas de los que mis pacientes hablan cuando llegan a mi consultorio. Después de un rompimiento, ya sea esperado o sorpresivo nuestra psique es un caos. La realidad a la que estábamos acostumbradas o acostumbrados ha cambiado.
Al terminar una relación, emprendemos el camino del duelo. La persona que atraviesa conscientemente este camino será una persona más fuerte y como resultado resurgirá una mejor versión de sí al completarlo.
Sin embargo, en este camino nos topamos con gigantes maestros como el miedo, la ansiedad, la tristeza y la desesperación.
Todas y todos atravesaremos una paleta de diferentes emociones y en mi caso, a pesar de saber toda la teoría y entender qué es lo que estaba pasando, tampoco lo hizo más fácil de sobrellevar.

Ambos de mis padres llevan años meditando y a pesar de mi resistencia en un principio, me han inculcado poco a poco el hábito. Los beneficios de la meditación son muchísimos y al buscarlos en internet la lista pareciera interminable. Es por esto que este escrito no es necesariamente de eso, sino de cómo la meditación puede ser una gran herramienta en el momento de atravesar un duelo. Lo cual no únicamente está basado en el progreso de mis pacientes, sino en mi experiencia personal también.
Me gusta usar la analogía de la mente y los pensamientos como un caballo. Si montáramos un caballo salvaje, éste nos llevaría a donde quisiese y con la velocidad que él decidiese. Por otro lado, si montáramos un caballo adiestrado, el o la jinete podría decidir el paso y la dirección que quisiera que su caballo tomara. Lo mismo pasa con el rompimiento, después de terminar una relación. Nuestra mente es como un caballo salvaje con pensamientos obsesivos y hasta lastimosos. La meditación nos ayuda a adiestrar nuestro caballo (o entrenar nuestra mente) y controlar los pensamientos que nos hacen daño.
Si estás atravesando por un duelo y te interesa comenzar a practicar la meditación y así poder controlar tus pensamientos y por ende tus emociones son varias las opciones que tienes para empezar. Puede ser que te interese comenzar con meditaciones guiadas, las cuales puedes encontrar en YouTube ya sea en inglés o en español. Donde nos dan sugerencias de la postura que debemos tomar hasta las instrucciones e imágenes que quien las guía describe.
Por el otro lado, puede ser que te interese más empezar en silencio. Te recomiendo sentarte y buscar una postura cómoda y poner el temporizador por cinco minutos. Enfócate únicamente en tu respiración, siente como se llenan de aire tus pulmones y como lo expulsan. Cuando lleguen a ti otros pensamientos no los entretengas, regresa nuevamente tu atención a tu respiración.
Mi recomendación es que para comenzar, medites todos los días por al menos 5 minutos. Poco a poco te recomiendo que vayas aumentando tu tiempo de meditación. Estoy segura que te será de gran ayuda en este proceso que estás atravesando.