En el 2015 comencé a dar clases de control de ira en Hawthorne, California. A diferencia de México, el sistema judicial en Estados Unidos hace obligatoria tomar esta clase para muchas personas que atraviesan asuntos legales. Por lo general, personas agresoras de violencia. A lo largo de cuatro años que  estuve a cargo de esta clase, tuve la fortuna de conocer a las personas más intimidantes con las que he trabajado, lo cual me permitió entender muchísimo del enojo y conectarme con la compasión.

Por alguna extraña razón, el enojo es más aceptado socialmente que otras emociones como el miedo, la tristeza, la culpa o la vergüenza. Una persona enojada es una persona que puede imponer poder y fuerza. Sin embargo, el mayor hallazgo que tuve mientras facilitaba estas clases es que el enojo normalmente enmascara otro sentimiento que nos es incómodo. Me gusta llamarlos sentimientos incómodos, porque todos los sentimientos y emociones cumplen una función y aunque no nos guste tenerlos, no son buenos ni malos, simplemente son.

El enojo es como un iceberg, esos bloques de hielo flotantes que se desprenden de los glaciares o de una costa helada, y al estar sumergidos en el agua, lo único que podemos ver es una novena parte del bloque. Por debajo son enormes, pero por su mismo peso únicamente se asoma una pequeña parte de este.

Lo mismo pasa con el enojo, el enojo es la máscara que presentamos, pero el enojo en la gran mayoría de los casos no es enojo, sino cualquier otra emoción que de manera inconsciente no queremos sentir ya sea por que nos causa dolor o nos da miedo y por ende utilizamos el enojo como mecanismo de protección. 

Esto me hace pensar en esas personas que consideramos “enojonas”, pero que en realidad son personas que se están protegiendo de otras emociones que ellos mismos sienten podrían hacerles daño y utilizan el enojo para enmascararlas y evitar sentirlas.

Les voy a contar la historia de cuando tenía 7 años y mi papá me llevó a aprender a andar en bici. Yo desde el principio tenía mucho miedo que le quitaran las “llantitas” de apoyo a mi bicicleta y no quería intentarlo. Mi papá me animaba mientras mis hermanos dominaban por completo el manejo de la bici sin las “llantitas”. 

En algún punto del día, decidí que la mejor forma sería ir a lo que yo veía como una colina muy inclinada (a la que regresé años después y no lo era), tomar vuelo y utilizar la gravedad a mi favor para poder tomar velocidad. Llegué a la colina y cuando tomé el impulso sentí como la bicicleta iba cada vez más rápido, de pronto sentí como el miedo se apoderó de mí, perdí el control por completo y sin pensarlo dos veces, decidí saltar de la bicicleta creyendo que podría aterrizar como ninja. 

Claro que no todo resultó como lo imagine; cuando intenté saltar de la bicicleta en movimiento lo que en realidad sucedió es que rodé con ella. Fue vergonzoso porque los demás niños y niñas me vieron y también sentí miedo por todos los raspones y sangre que tenía. Mi papá corrió hacía mí fúrico, me levantó con un brazo y con el otro recogió la bicicleta, llamó a mis hermanos y les dijo que se subieran a la camioneta, aventó la bicicleta en la cajuela y no me dirigió la palabra inclusive mientras curaba mis heridas en la casa. Yo me sentía muy confundida por el enojo tan grande que tenía mi papá y por muchos años cargué con la duda.

Tiempo después mientras yo estudiaba el enojo, le pregunté a mi papá si recordaba este suceso y me dijo que sí y cuando le pregunté si había sido miedo la emoción que enmascaró su enojo, me respondió que no, que en realidad él lo que sintió fue dolor. Dolor de no poder protegerme y dolor de verme toda raspada y ensangrentada después de mi hazaña.

Quitarse la máscara del enojo y adentrarse en la verdadera emoción que estamos teniendo puede generar mucho miedo. Sin embargo, el primer paso para trabajar cualquier emoción es reconocerla. No nos hace débiles conectarnos con el miedo, ni con la culpa, la vergüenza, el dolor o cualquier sentimiento o emoción que nos haga sentir vulnerables. Todo lo contrario, se necesita mucho valor para poder desenmascarar el enojo y ver al gigante maestro que se esconde detrás de él. 

La próxima vez que sientas enojo, te invito a reflexionar en las siguientes preguntas:

¿Qué sentimiento o emoción podría estar enmascarando mi enojo?

¿A qué le tengo miedo?

¿Qué pasaría si me atreviera a conectar con esta emoción?

Todos los días tenemos una oportunidad para conocernos más y conectar con nuestra esencia. Recuerda que si te interesa este tema puedes encontrarme en Instagram como @eva_latapi. También te invito a escuchar mi podcast “Supéralo Por Favor” todos los miércoles por Spotify, Apple Podcast y YouTube. De todos modos, nos leemos la próxima semana en otro artículo aquí en el blog.

Ritual para despedir el 2020

Quedan pocos días para despedir el 2020, sin duda un año que ha traído grandes retos y al mismo tiempo, grandes aprendizajes para muchos. 

Hablando con una de mis pacientes, comentamos cómo sus fiestas de fin de año con la familia serán muy diferentes este año, ya que debido a la pandemia y las medidas de salubridad, decidieron no salir a celebrar. Fue a partir de esta conversación que comentamos la posibilidad de idear un ritual para despedir el 2020. Un año que ha sido un gigante maestro para mí y para otras tantas personas con las que he podido platicar sobre los aprendizajes obtenidos estos últimos 12 meses. 

En redes sociales leo las quejas que han habido alrededor de este año, pero me niego a pensar que todo ha sido negativo, el 2020 ha traído muchísimo crecimiento para mí en diferentes áreas. Me gusta pensar que los sentimientos incómodos como el miedo, la tristeza y el enojo, son maestros que me dejan mucho aprendizaje, y así veo el paso del 2020 en mi vida. 

Así es que después de pensarlo por varios días y platicarlo con mis amigas, he decidido que el artículo de esta semana lo dedicaré a compartirles un ritual para despedir, honrar y agradecer a este gran maestro que ha sido el año 2020.

Ritual “Despidiendo el 2020”

Necesitarás:

– Hojas de papel

– Algo con que escribir

– Una vela, un incienso o un encendedor

– Música relajante

1.- Te recomiendo que comiences con una pequeña meditación. Cierra tus ojos, toma inhalaciones profundas por la nariz y exhala por la boca. Repite esto varias veces y centra tu atención por varios minutos en tu respiración, nota la sensación de llenitud cuando tus pulmones se llenan de aire y el vacío que sientes al liberarlo. Puede ser que decidas poner un temporizador con el tiempo que decides enfocarte en tu respiración.

2.- Gracias 2020: Escribe una carta como si de una persona se tratase ¿qué le dirías a este año que termina?, ¿qué le agradeces?, ¿qué le reprochas?, ¿qué le has aprendido?

3.- Yo libero: En una hoja nueva escribe todo lo que decides dejar ir junto con el año 2020. ¿Qué le pedirías que se lleve? Quizás un sentimiento que tienes atorado hacía alguna ex-pareja, algún miedo, algún dolor o tal vez, algo que te ha estado limitando. Al terminar esta sección escribe un mensaje al año 2020 pidiendo que se lleve todo esto.

4.- Yo abrazo: En otra hoja de papel haz una lista de todas las cosas que abrazas y decides quedarte de este año. Quizás conociste una parte de ti de la cual te enamoraste, tal vez alguna persona, alguna circunstancia. Reflexiona en todas aquellas cosas agradables y positivas que te trajo este año. ¿Qué abrazas de los regalos y crecimientos que te deja el 2020? Al terminar esta sección escribe un mensaje al 2020 agradeciendo y haciéndole saber que decides abrazar lo que has escrito en esta lista.

5.- Deja ir: Por último toma las hojas donde escribiste “La carta al 2020” y la lista “Yo libero” y con mucho cuidado prende esas hojas con el encendedor o la vela. Mientras observas como se quema tu lista y tu carta repite “Gracias, te libero y me libero”. 

La lista de todo lo que abrazas no la quemarás, sino por el contrario, esta hoja la guardarás en un lugar donde puedas revisitarla.

Este ritual lo puedes hacer de forma individual o en grupo. De querer hacerlo en grupo, te recomiendo lo siguiente:

1.- Círculo de la confianza: haz un círculo junto con las personas que llevan a cabo el ritual y tomando turnos compartan ¿qué agradecen al 2020?, ¿qué dejan ir junto con el fin de este año?, ¿qué deciden abrazar de este año?

2.- Al momento de quemar la carta de agradecimiento y la lista “yo libero” tomen turnos para hacerlo y repitan de forma conjunta “Gracias, te libero y me libero”

El año 2020 nos deja mucha enseñanza y mucho crecimiento personal, es momento de dejar ir todo aquello que puede haber causado malestar y permitirte abrazar aquello que agradeces y has disfrutado.

Tanto en mis redes sociales como en mi Podcast he estado hablando sobre la importancia de cultivar la gratitud y hacerla parte de nuestro día a día y no únicamente utilizarla como herramienta de emergencia cuando estamos atravesando una crisis, ya que si bien sirve en momentos caóticos, la gratitud la podemos utilizar como un método preventivo. Es a lo que llamaríamos “la ligera ventaja”. 

Como con cualquier disciplina, aplicar la gratitud de vez en cuando o un solo día de tu vida, no generará resultados. Para lograr un impacto trascendental es importante considerarlo parte de nuestra rutina diaria. Hacer una lista de gratitud es el primer paso para comenzar a implementar esta nueva disciplina en tu día a día, ya que la gratitud es algo que debemos practicar diariamente para lograr los maravillosos beneficios que genera en nuestra salud mental, emocional, psicológica y en nuestras relaciones interpersonales. Si quieres saber más de los beneficios de la gratitud, te recomiendo el artículo que escribí “La Gratitud, el mejor negocio”.

En esta ocasión quiero compartirles una estrategia muy sencilla y al mismo tiempo altamente eficaz para cultivar la gratitud y comenzar a ver los beneficios que esta tiene en nuestra vida. Es a lo que se llama “Lista de gratitud” o “Diario de gratitud”. 

El Dr. Robert Emmons, quien lleva investigando la gratitud por más de tres décadas, realizó un estudio con dos grupos de personas. Al primer grupo le dejó como tarea escribir en su diario una vez a la semana sobre cualquier cosa que consideraran importante, mientras que al segundo grupo les dejó como tarea hacer una lista de gratitud una vez por semana. Después de 10 semanas, las personas que habían utilizado el diario de la gratitud reportaron aumentar su felicidad en un 25%, también fueron capaces de dormir en promedio 30 minutos más cada noche y aumentaron su actividad física un 33% más. Estos resultados se dieron con tan solo escribir en el diario una vez por semana y únicamente por 10 semanas. Ahora imagina qué pasaría si hiciéramos de la lista de gratitud una práctica diaria.

Para comenzar a implementar tu lista o diario de gratitud hay ciertas cosas que son importantes tomar en cuenta y para eso te comparto algunas recomendaciones.

  1. Escríbelo: no, no es suficiente recitar en voz alta las cosas por las que sentimos gratitud. Es importante escribirlo, ya que cuando escribimos a mano nuestro cerebro activará diferentes estructuras cerebrales y entre ellas las encargadas de la memoria por lo que podremos internalizar lo que estamos escribiendo.
  2. Busca una libreta especial: te recomiendo que tengas una libreta especialmente designada para tu lista de gratitud. También puede ser que tengas un bolígrafo especial para hacerlo parte de un ritual.
  3. Hazlo un hábito: para esto te recomiendo que establezcas un horario para escribir. Ya sea que decidas escribir en la mañana para comenzar el día de buen humor o que decidas hacerlo por las noches para irte a dormir de forma más relajada y despiertes con más liviandad.
  4. Busca los detalles: no siempre tienen que ser cosas enormes por las que sientes gratitud, por ejemplo tu familia. El reto también está en buscar aquellos pequeños detalles que durante el día hacen que sientas gratitud. Puede ser tu café favorito, un atardecer hermoso, el mensaje de una persona que amas, el ave que se para en tu ventana o el chiste que te hizo reír. 
  5. Hazlo específico: la investigación reporta que lo ideal es escribir entre 5 y 10 cosas por día. Sin embargo, te recomiendo que escribas el por qué te hacen sentir gratitud estas cosas, ¿qué sientes? Puede ser que agradeces tu café de la mañana porque te hace sentir calorcito o tal vez te gusta sentir que te consientes. Escríbelo con detalle y de esta forma te será más fácil sentir la gratitud.
  6. No te desesperes: al principio es probable que te cueste más trabajo encontrar los detalles que te hacen sentir gratitud pero con el tiempo y poco a poquito verás que te será más fácil. La gratitud es como un músculo y entre más la entrenes, más fuerte será y por ende más fácil será encontrar esos detalles que te hacen sentir gratitud. 

En mi experiencia la lista de gratitud ha hecho toda la diferencia. Tan es así que me gustaría gritar a los cuatro vientos todos los beneficios que he visto en mi vida gracias a la práctica de la misma. Anteriormente la utilizaba para salir de crisis emocionales y se la recomendaba a mis pacientes para resolver sus situaciones, sin embargo después de más de 8 meses de escribir todos los días mi lista de gratitud, en verdad puedo decir que sobrepasó mis expectativas.

Existe una gran diferencia entre ser una persona agradecida y simplemente agradecer. Para poder ser una persona agradecida y llevar la gratitud como un estilo de vida hay que cultivarla y por ello te recomiendo empezar a escribir diario en tu diario o lista de gratitud. También te invito a que compartas esta información con la gente que amas o que sientes que pueden beneficiarse con este tema.

Si quieres saber más de la gratitud y cómo cultivarla, te recomiendo escuchar el episodio número 13 de mi podcast “Cómo Cultivar la Gratitud”. También si te interesan estos temas puedes seguirme en Instagram o escuchar todos los miércoles un nuevo episodio de mi podcast “Supéralo Por Favor”. Te agradezco profundamente que te hayas tomado el tiempo de haber leído este artículo, hazme saber qué opinas del tema. Nos leemos la próxima semana.

Fuente:

Gratitude Works, Robert Emmons, 2013

Si tuviera que compartir una sola herramienta de las que utilizo en terapia, sin duda alguna, sería la práctica de la gratitud. Me gusta decir que la gratitud es el antídoto de cualquier mal, ya que no se puede sentir enojo y gratitud al mismo tiempo, o depresión y gratitud al mismo tiempo, ni mucho menos, ansiedad y gratitud al mismo tiempo, y así la lista puede seguir.

Robert Emmons ha estudiado la gratitud por más de 20 años y asegura que existe una importante diferencia entre agradecer y ser una persona agradecida. Ser una persona agradecida tendrá un impacto significativo en diferentes áreas, por ejemplo, ser capaz de recibir los regalos de la vida y de otras personas, lo cual lleva también a actuar con compasión y generosidad, además de tener una mayor capacidad de perdonar y de ser pro-social. 

Cuando hablamos del significado de gratitud existen dos puntos importantes que la diferencian. Para empezar, la gratitud es una afirmación de bondad, es un reconocimiento de la vida como algo bueno, pero no por esto es creer que la vida es perfecta, simplemente es una afirmación de la existencia de cosas buenas. Por otro lado, es el reconocimiento de que la fuente de esta bondad es externa a nosotras o nosotros mismos, por lo que esta bondad es algo que nos viene, no la adquirimos, sino que nos la es dada.

Estos son 8 beneficios de la gratitud.

  1. Mejora la salud mental y física: se ha comprobado que las personas que practican la gratitud reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pueden mejorar el sueño. Ya que la gratitud es un poderoso antídoto contra el estrés, el miedo y la ansiedad.
  2. Mejora las relaciones personales e interpersonales: la práctica de la gratitud fortalece nuestro sentimiento de conexión, propósito y satisfacción en nuestras relaciones, ya que nos permite ver el apoyo de las demás personas y todo lo que apreciamos de nosotras o nosotros mismos y de las personas que nos rodean.
  3. Mejora el estado anímico: las personas que son agradecidas reportan mayor alegría, optimismo, entusiasmo, determinación y energía. Puesto que dejan de ver únicamente lo negativo y pueden tener mayor discernimiento, claridad y entendimiento al enfrentar los problemas.
  4. Mayor autoconsciencia: la práctica de la gratitud ha demostrado que aumenta la claridad de lo que se desea en la vida al igual de lo que ya no se desea en la vida.
  5. Propósito: las personas con esta práctica logran avanzar con éxito hacia las metas personales que les son importantes.
  6. Aumenta la capacidad de observación, concentración y atención: al poner atención en los pequeños detalles que generan gratitud, una persona agradecida estará constantemente buscando aquello que le hace sentir gratitud.
  7. Mejora la autoestima: al enfocarse en las cosas positivas, una persona será capaz de ver aquello por lo que se siente agradecida de sí misma o consigo misma y esto tiene un impacto importante en la auto imagen.
  8. Mayor producción de neuroquímicos del placer: se ha demostrado que la práctica de la gratitud aumenta la producción de serotonina y dopamina en el cerebro.

Son tantos los beneficios de la gratitud que la práctica de la misma podría estar motivada por una cuestión egoísta. Sin embargo, el simple hecho de agradecer no tendrá el mismo impacto que el ser una persona agradecida, ya que ser una persona agradecida parte de una mentalidad de gratitud. La gratitud es como un músculo y entre más la practicamos más fácil será hacerla parte de nuestro día a día. A todo aquello que le ponemos nuestra atención, crece, por lo que te invito a que comiences a practicar todos los días la gratitud y buscar aquellos detalles que te hacen sentir agradecida o agradecido.

Si te interesan estos temas recuerda que puedes escuchar mi podcast, Supéralo Por Favor, en diferentes plataformas digitales como Spotify, Apple Podcast y Youtube, donde todos los miércoles comparto información que nos invita a superar todo aquello que no nos suma y cambiarlo por conductas que sí nos sumen.  

Fuentes: Robert Emmons, Jorge Benito.

Reflexión: 33 vueltas al sol después...

Escribo esto el 4 de noviembre de 2020 a las 11 de la mañana. Hoy es mi cumpleaños y mi día favorito del año, los últimos 8 meses he estado en cuarentena debido al Covid-19 y a pesar de estar físicamente encerrada, nunca me he sentido más libre de permitirme ser Yo. Reflexiono y celebro todo lo que han sido estos 12 meses y en general, estos primeros 33 años de vida en los que he llegado a algunas conclusiones que me emocionan y me atrevo a compartir:

1  “Yo sólo sé que no sé nada”: dicho por un hombre que dejó algunas de las aportaciones más increíbles de la historia. Sócrates, reconocido por su impresionante filosofía llegó a la conclusión que en verdad no sabemos nada. Este último año he aprendido que nunca terminamos de ser, estamos en constante evolución, cambio, crecimiento y mejoría. No lo sé todo, es más, no sé nada y cuando me lo repito me permite ser humilde, seguir aprendido de aquellos que me rodean, incluso de quienes me han hecho daño y por todo eso me emociona la versión de mí que me espera en el futuro.

2  Baila como si nadie estuviera viendo: poco a poco he dejado a un lado lo que opinan los demás para conectarme más con quién en verdad soy y lo que puedo aportar a aquellas personas que me rodean. El primer paso fue dejar de opinar sobre la vida de los demás y curiosamente eso me liberó de lo que los demás pudieran opinar de la mía. Me soy fiel, me soy leal y me encantan los frutos que esto ha tenido en mi vida.

3  Vive jugando: la realidad es que a nada le debemos dar mucha importancia. Todo es prestado y eventualmente lo devolveremos. El aceptar mi propia muerte y la de las personas que me rodean me permite darme cuenta que ninguna decisión es tan definitiva, la vida es un juego y la gente que nos rodea conforma a nuestro equipo. El fracaso tampoco es definitivo, es un paso solamente, como una casilla en un tablero de juego de mesa, y al entender que no es un destino, decidí no temerle, mirarle a los ojos, aprender de él y levantarme de cada situación. 

4  Todo es temporal: aceptar que los ciclos se cierran por más que me aferre a prolongarlos, me permite soltar el control y confiar. Entender que hay caminos que se separan y probablemente se vuelven a unir en diferentes formas, me invita a apreciar y honrar la presencia de cada persona, situación o circunstancia que visita mi vida. Siempre seguimos avanzando, la vida está en constante movimiento y al no poder controlarlo todo debemos aprender a soltar, pero eso no significa que nos dejaremos caer por completo al vacío con los ojos cerrados sin la certeza de si eventualmente chocaremos contra el suelo, más bien significa que debemos aprender a soltar el control de ciertas cosas, teniendo la seguridad de que al final de ese vacío hay una red en la que todo, todo, absolutamente todo se conecta y eventualmente nos dejará entender el por qué de las cosas.

5  ¿Cómo sientes los pies?: lo único que tenemos es el momento presente. El pasado ya no existe y el futuro es sólo una idea. Cuando mi cabeza me lleva al pasado o me quiere tentar con la idea de que tengo el control del futuro, me pregunto –¿cómo sientes los pies? 
Pongo atención en cada uno de los detalles y sensaciones y me permite regresar a este momento. Me rehusó a tener esa ilusión de que cuando logre ese “algo” entonces podré ser feliz. Tengo todo para sentirme plena, amada, celebrada, tranquila y feliz en este momento. No hay nada fuera de mí que pueda darme algo que no pueda darme yo misma.

6  Gracias, templo: reconozco mi cuerpo como un préstamo, no soy este cuerpo y a la vez le agradezco y honro por ser mi contacto con todo aquello que alguna vez he amado. Agradezco a mis ojos que me permiten ver el mar, mis oídos que me permiten escuchar la risa de mis seres amados y amadas, a mi piel que es el vínculo que tengo para sentir el calor de aquellas personas que amo. Aprendo todos los días a honrar mi templo, a cuidarlo y a no juzgarlo por cómo creo que se debería de ver. Agradezco todo lo que hace por mí sin que se lo pida. Gracias, templo.

7  Cada quien hace lo mejor que puede: no importa que tan profunda sea la herida, aquella persona que nos lastimó lo hizo pensando que era lo mejor que podía hacer con lo que tenía en ese momento. ¿Lo hizo por miedo?, ¿por ignorancia?, ¿por protección?; no es importante. El entender que todas y todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos me permite perdonar a quienes me lastiman o lastiman a mis seres más amados y amadas. También me permite perdonarme a mí por las decisiones que he tomado y que me han hecho arrepentirme. Ya no soy esa persona y ahora sé lo que a ella le hizo falta saber para tomar una mejor decisión.

8  No soy mi miedo: He aprendido a reconocer ese gigante inmenso que vive en mi cabeza, lo honro y lo respeto, pero he aprendido a liberarme de él. Reconozco el poder que puede tener sobre mí y lo inteligente que es para convencerme de todo lo que podría salir mal. Al reconocer su poder me da humildad ante él y al mismo tiempo la valentía para mirarlo a los ojos fijamente y atravesarlo como una sombra. Vive en mí y me acompaña todo el día, pero le he quitado el poder de usurpar mi lugar y escribir mi historia, porque la única autora de este libro soy yo.

Estas son algunas reflexiones que me han marcado estos primeros 33 años de vivencias. Me emociona pensar todo lo que seguiré creciendo y aprendiendo en el tiempo que me quede para recorrer este camino, este juego al que llamamos vida. 

Me siento infinitamente bendecida por absolutamente todo lo que me ha traído a este preciso momento de mi existencia, a ser esta versión de mi misma. Agradezco a esos golpes que me rompieron y me permitieron reinventarme en esta que soy hoy, y me abro a recibir los futuros golpes que me seguirán formando y transformando en quien sea que seré mañana. 

Por último, te agradezco a ti que me lees por permitirme compartir contigo reflexiones tan personales. 

A pesar de que todas las personas tenemos diferentes metas y deseos, Tony Robbins asegura que tenemos en común seis diferentes necesidades humanas que van a ser el motor de nuestras decisiones para satisfacer todo lo que queramos, ya sea de forma consciente o inconsciente. 


Certeza o certidumbre: es la seguridad de que podemos evitar el dolor y obtener placer.

Incertidumbre o variedad: necesidad por nuevos estímulos, novedad y cambio.

Significancia: la necesidad de ser único o única, importante, especial y sentir que las demás personas te necesitan.

Conexión/ amor: un sentimiento intenso de conexión ya sea con algo o con alguien.

Crecimiento: la necesidad de expandir nuestra capacidad y entendimiento.

Aportación: necesidad de servicio y ayudar a las demás personas.

Por lo general, todas las personas tenemos dos necesidades que encabezan nuestra lista y podemos intentar satisfacer estas necesidades con conductas positivas o con conductas autodestructivas. ¿Puedes identificar cuáles son las tuyas?

Certeza o certidumbre:

Cuando la certeza es una de las necesidades principales, las personas harán todo para intentar predecir lo que puede pasar en el futuro. Por lo que es probable que se encuentren intentando controlar cómo se dan las cosas y el resultado final. Para poder vivir una vida donde se tenga la certeza de todo, tendría que ser una vida donde nada cambie y todo siga siendo lo mismo y esto es meramente imposible porque lo único cierto es el cambio.

Incertidumbre o Variedad: 

Las personas cuya necesidad principal o una de las principales es la incertidumbre, constantemente están buscando nuevas experiencias para salir de la monotonía. Esto se puede ver reflejado en un cambio constante de trabajo o relaciones para poder tener variedad. También pueden ser personas que buscan la adrenalina por lo que constantemente se exponen a situaciones de peligro. Estas personas no le temen a los riesgos ni a afrontar nuevas situaciones o personas.

Significancia:

Para aquellas personas que esta es una de sus necesidades principales lo más importante será que les noten, que les necesiten y destaquen de entre las demás. Cuando una persona cuya necesidad por la significancia es alta, buscará su validación a través de los y las demás. Puede ser que intenten destacar y llamar la atención con comportamientos positivos, como destacar en el trabajo por sus logros o bien, por comportamientos autodestructivos, como querer llamar la atención o sentirse significante al discutir, por lo que buscarán discusiones con frecuencia.

Conexión/ amor:

Esta necesidad se verá satisfecha al buscar constantemente un acercamiento profundo con las demás personas o con algunas cosas. El amor será extremadamente importante para las personas que tengan esta necesidad dentro de sus prioridades. Aunque por el otro lado, les es muy común sacrificarse y anteponer a su pareja para poder mantenerla contenta.

Crecimiento: 

Las personas con esta necesidad constantemente están buscando expandir su conocimiento y también expandirse como personas. Su dirección es hacia las metas, por lo que su desempeño en el trabajo es por lo general excelente. La contraparte es que al mismo tiempo pueden caer en el perfeccionismo.

Contribución:

Las personas cuya necesidad principal es la contribución son las personas que son felices ayudando a otras personas para generar un cambio. Al mismo tiempo puede ser que descuiden a las relaciones más cercanas por querer ayudar a personas desconocidas.

Todas las conductas que tenemos, ya sean funcionales o disfuncionales, están basadas en la intención de satisfacer las necesidades principales. Te invito a reflexionar ¿cuáles son tus necesidades principales? ¿cuál estás intentando satisfacer haciendo lo que haces?

Una vez que reconoces tus necesidades principales puedes buscar conductas y tomar decisiones más funcionales que estén alineadas con tus necesidades.

Fuente: Team Tony, 2020.