Salimos a buscar un mito, como quien sale a buscar un unicornio.

Entre más estudio el amor y las relaciones de pareja, más percibo la concepción tan errónea que tenemos de ambos conceptos. Escuchamos hablar de términos como “el alma gemela”, “la media naranja” y “el único amor verdadero”.  El Dr. Stan Tatkin asegura que todas las personas en el fondo sólo queremos ser amadas y prueba de ello es ver como todos salimos en búsqueda de nuestra alma gemela como si se tratara de llenar una vacante en nuestra vida. Vamos brincando de relación en relación con tal de no sentir el desamor, pensando que esta vez esa persona sí será “la correcta” y cuando resulta no serlo y la relación termina, percibimos el rompimiento como un fracaso porque en algún momento alguien nos vendió la idea de que una relación exitosa es aquella que es “para siempre”.   

Cuando vemos a una pareja de la tercera edad admiramos su relación como algo ideal. Fantaseamos que así es como se ve el “felices para siempre” sin saber realmente todo lo que ha pasado en esa relación y queremos salir a buscar eso mismo pensando que seguramente es perfecto.

Lo he dicho antes y no creo cansarme de decirlo, el felices para siempre no existe porque el “siempre” no es real (nada es para siempre, todo cambia) y la “felicidad” son momentos y no un estado permanente. Por lo tanto, salimos a buscar un mito, como quien sale a buscar un unicornio. 

Para encontrar a la persona correcta no es necesario tener una lista de cualidades, lugares específicos y estrategias de conquista. Para poder encontrar a la persona correcta con la cual tengamos una relación verdaderamente satisfactoria, primero hay que convertirnos en la persona correcta.

En series, películas, revistas y conversaciones en familia constantemente recibimos el mensaje de que para estar en completitud tenemos que estar en pareja, haciendo que el vacío sea casi tangible.

Como terapeuta de pareja he tenido la fortuna de observar a diferentes pacientes en distintas facetas y estoy segura que no importa que tan maravillosa sea nuestra pareja, nunca será capaz de llenar este vacío y en realidad no debe ser su responsabilidad. No podemos esperar ver nuestro valor únicamente reflejado en los ojos de nuestra pareja, es necesario saber nuestro valor y proyectarlo en nuestra pareja.

Con mis pacientes me gusta hablar en analogías y cuando tratamos el tema de llenar este vacío, les digo que resulta extremadamente tentador salir corriendo y encontrar a quien sea con tal de no sentirlo, así como cuando sentimos hambre. Salir a buscar pareja para llenar el vacío sin haberlo trabajado, es como llegar a un restaurante con el hambre a tope. No importa qué hay en el menú, ni siquiera si en él está nuestro platillo favorito, o si nos estamos perdiendo la oportunidad de comer el corte de carne más delicioso que hayamos probado, es tal el vacío que vamos a satisfacer el hambre con lo que sea, incluso con el pan de cortesía, ¿el pan de cortesía?, ¡pero si ni siquiera hemos visto el menú!

Algo muy similar ocurre cuando escogemos nuestra pareja desde el vació. Ignoraremos todas las señales de advertencia, permitiremos situaciones que nos hacen daño o sacrificaremos quien en verdad somos con tal de estar al lado de alguien.

Cuando digo que para encontrar a la persona correcta debemos convertirnos en la persona correcta, no se trata de dejar de ser quienes somos para aparentar ser una o un prospecto más atractivo o atractiva. Más bien, se trata de llenar este vacío con nosotras y nosotros mismos para gravitar cerca y atraer a una persona con quien podamos formar una relación bonita. Se trata de espejear lo que buscamos en una pareja. ¿Quieres estar con alguien que te respete? Respétate tú primero, ¿quieres estar con alguien que te ame? Amate tú primero.

Si en este momento sientes ese vacío es importante saber que no necesitas de otra persona para sentir completitud, ya que en realidad nunca has estado incompleta o incompleto. Tienes todo dentro de ti para llenarlo contigo y compartir tu completitud con otra persona que también esté completa.

Como en todo, el proceso es lo más hermoso y si trabajas en ti y disfrutas el proceso, disfrutas tu transformación en una mejor versión de tu persona.

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