Recuerdo a la primera pareja con la que trabajé. Entraron a mi consultorio un sábado a las nueve de la mañana, ambos rondaban los cincuenta años de edad y ella era un poco mayor que él. Tenían dos hijas adolescentes y él llevaba más de tres años limpio después de haber combatido una adicción terrible a la heroína. 

El motivo de la consulta fue uno de los más comunes, problemas de comunicación. Al explicarles cómo funcionaba la terapia, les comenté que yo les daría herramientas para que trabajaran en casa y utilicé, como lo hago constantemente, la analogía del ejercicio y la disciplina pero en la relación amorosa. La reacción de él me dejó atónita, llevó la cabeza al cielo y me dijo que estaba cansado y que él ya no quería trabajar más, que la razón por la que venían a terapia era porque esperaban que yo solucionara el matrimonio porque ellos ya lo habían intentado. Aquel día no pude entender cómo una pareja que venía a terapia no estaba dispuesta a trabajar en la relación, pero con los años trabajando con más pacientes me ha quedado muy claro una cosa: no nos enseñan que una relación se trabaja. 

Muchas personas creen que tener una relación exitosa es una casualidad y que aquellas personas que las tienen han sido muy afortunadas. Incluso creen que el problema está en su pareja actual y que seguramente “allá afuera” debe de estar su alma gemela, esa persona con la que una relación sí podría funcionar sin mayor esfuerzo. Pero todo esto no es verdad. Formamos parte de la generación de las múltiples opciones, donde tenemos al alcance de nuestras manos un sin fin de posibles parejas con el simple deslizar de un dedo. Creemos que si la relación no funciona es porque no hicimos el Match correcto y que la persona ideal sigue “allá afuera”. Olvidamos que no hay una solución mágica y que las cosas que valen la pena, conllevan trabajo, disciplina y sobre todo decisión. Pensamos que por estar en una pareja tenemos “derechos” y que de no recibirlos podemos exigirlos o reclamarlos. 

Me topo constantemente con parejas con estos bloqueos dentro de su relación. Creen ser la excepción porque en su relación las cosas no terminaron con un “felices para siempre” como lo prometían las películas. La realidad es que el éxito de una relación no es un guión que se escribe y entonces sucede a la perfección, o un código que se descifra y entonces se logra acceder a la felicidad. El éxito en una relación es un trabajo diario en conjunto y comienza por una decisión personal. Debemos decidir esforzarnos y saber que por más pequeña que sea la decisión, eventualmente marca la diferencia. Es verdad que si hoy decides no despedirte de tu pareja con un beso a la hora de dormir no pasa nada, como tampoco pasa nada si después de treinta años de no hacerlo decides hacerlo por un día, pero la suma de estas decisiones harán toda la diferencia. Si tú tomas la decisión de besar a tu pareja antes de dormir todas las noches, estás fortaleciendo la relación. De la misma forma que si decides no preguntarle todos los días a tu pareja – ¿cómo estás?–, eventualmente la relación se debilitará.

Te invito que hagas consciencia de las decisiones que estás tomando en tu relación. ¿Tus decisiones se alinean a la relación que te gustaría tener? o ¿acaso estás esperando que por casualidades del destino tu relación se fortalezca y conectes de manera profunda con tu pareja?

Como lo he mencionado antes, es común que al inicio las relaciones se desenvuelvan con mayor facilidad por estar en la etapa del enamoramiento, sin embargo, una vez que este proceso químico se termina es fundamental trabajar la relación y tomar decisiones que estén alineadas con lo que en verdad deseamos. Mi recomendación es que si están en los primeros dos años de haber comenzado una relación, fortalezcan los pilares de la misma con rituales que les hagan sentir más en conexión. Estos rituales son pequeñas decisiones que se toman todos los días, sin importar si llevan dos meses saliendo o si llevan cincuenta años de casados, son acciones que pueden fortalecer la relación en cualquier etapa. 

Estas son algunas ideas de rituales que pueden implementar con la pareja:


1) Todas las mañanas antes de salir de la cama recuerdale a tu pareja tres cosas que aprecias de él o de ella.

2) Antes de que cada uno inicie su día con sus rutinas individuales, procuren darse un beso que dure al menos tres segundos.

3) No te despidas de tu pareja sin antes saber por lo menos una cosa que tiene planeada para ese día. Puede ser una junta importante en el trabajo, una cita en la escuela de los o las hijas, o una reunión con alguna amistad o familiar.

4) Cuando vuelvan a encontrarse pregúntale a tu pareja cómo ha sido su día y escuchale de forma genuina.

5) No se vayan a dormir sin despedirse, a pesar de que duerman en la misma cama tomen unos segundos para desearse las buenas noches. 

Al ser rituales diarios en realidad no pasa nada si no los haces un día, de la misma manera que no pasará nada si únicamente los haces un día, pero, si tomas la decisión de incorporar estas y otras acciones en tu día a día, te puedo asegurar notarás la diferencia. 

Gracias por leerme, espero estos consejos te sean de gran utilidad en tu relación actual o futura. Recuerda que también puedes escucharme en mi podcast a través de Spotify para más tips sobre relaciones y sexualidad: 

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