Reflexión: 33 vueltas al sol después...

Escribo esto el 4 de noviembre de 2020 a las 11 de la mañana. Hoy es mi cumpleaños y mi día favorito del año, los últimos 8 meses he estado en cuarentena debido al Covid-19 y a pesar de estar físicamente encerrada, nunca me he sentido más libre de permitirme ser Yo. Reflexiono y celebro todo lo que han sido estos 12 meses y en general, estos primeros 33 años de vida en los que he llegado a algunas conclusiones que me emocionan y me atrevo a compartir:

1  “Yo sólo sé que no sé nada”: dicho por un hombre que dejó algunas de las aportaciones más increíbles de la historia. Sócrates, reconocido por su impresionante filosofía llegó a la conclusión que en verdad no sabemos nada. Este último año he aprendido que nunca terminamos de ser, estamos en constante evolución, cambio, crecimiento y mejoría. No lo sé todo, es más, no sé nada y cuando me lo repito me permite ser humilde, seguir aprendido de aquellos que me rodean, incluso de quienes me han hecho daño y por todo eso me emociona la versión de mí que me espera en el futuro.

2  Baila como si nadie estuviera viendo: poco a poco he dejado a un lado lo que opinan los demás para conectarme más con quién en verdad soy y lo que puedo aportar a aquellas personas que me rodean. El primer paso fue dejar de opinar sobre la vida de los demás y curiosamente eso me liberó de lo que los demás pudieran opinar de la mía. Me soy fiel, me soy leal y me encantan los frutos que esto ha tenido en mi vida.

3  Vive jugando: la realidad es que a nada le debemos dar mucha importancia. Todo es prestado y eventualmente lo devolveremos. El aceptar mi propia muerte y la de las personas que me rodean me permite darme cuenta que ninguna decisión es tan definitiva, la vida es un juego y la gente que nos rodea conforma a nuestro equipo. El fracaso tampoco es definitivo, es un paso solamente, como una casilla en un tablero de juego de mesa, y al entender que no es un destino, decidí no temerle, mirarle a los ojos, aprender de él y levantarme de cada situación. 

4  Todo es temporal: aceptar que los ciclos se cierran por más que me aferre a prolongarlos, me permite soltar el control y confiar. Entender que hay caminos que se separan y probablemente se vuelven a unir en diferentes formas, me invita a apreciar y honrar la presencia de cada persona, situación o circunstancia que visita mi vida. Siempre seguimos avanzando, la vida está en constante movimiento y al no poder controlarlo todo debemos aprender a soltar, pero eso no significa que nos dejaremos caer por completo al vacío con los ojos cerrados sin la certeza de si eventualmente chocaremos contra el suelo, más bien significa que debemos aprender a soltar el control de ciertas cosas, teniendo la seguridad de que al final de ese vacío hay una red en la que todo, todo, absolutamente todo se conecta y eventualmente nos dejará entender el por qué de las cosas.

5  ¿Cómo sientes los pies?: lo único que tenemos es el momento presente. El pasado ya no existe y el futuro es sólo una idea. Cuando mi cabeza me lleva al pasado o me quiere tentar con la idea de que tengo el control del futuro, me pregunto –¿cómo sientes los pies? 
Pongo atención en cada uno de los detalles y sensaciones y me permite regresar a este momento. Me rehusó a tener esa ilusión de que cuando logre ese “algo” entonces podré ser feliz. Tengo todo para sentirme plena, amada, celebrada, tranquila y feliz en este momento. No hay nada fuera de mí que pueda darme algo que no pueda darme yo misma.

6  Gracias, templo: reconozco mi cuerpo como un préstamo, no soy este cuerpo y a la vez le agradezco y honro por ser mi contacto con todo aquello que alguna vez he amado. Agradezco a mis ojos que me permiten ver el mar, mis oídos que me permiten escuchar la risa de mis seres amados y amadas, a mi piel que es el vínculo que tengo para sentir el calor de aquellas personas que amo. Aprendo todos los días a honrar mi templo, a cuidarlo y a no juzgarlo por cómo creo que se debería de ver. Agradezco todo lo que hace por mí sin que se lo pida. Gracias, templo.

7  Cada quien hace lo mejor que puede: no importa que tan profunda sea la herida, aquella persona que nos lastimó lo hizo pensando que era lo mejor que podía hacer con lo que tenía en ese momento. ¿Lo hizo por miedo?, ¿por ignorancia?, ¿por protección?; no es importante. El entender que todas y todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos me permite perdonar a quienes me lastiman o lastiman a mis seres más amados y amadas. También me permite perdonarme a mí por las decisiones que he tomado y que me han hecho arrepentirme. Ya no soy esa persona y ahora sé lo que a ella le hizo falta saber para tomar una mejor decisión.

8  No soy mi miedo: He aprendido a reconocer ese gigante inmenso que vive en mi cabeza, lo honro y lo respeto, pero he aprendido a liberarme de él. Reconozco el poder que puede tener sobre mí y lo inteligente que es para convencerme de todo lo que podría salir mal. Al reconocer su poder me da humildad ante él y al mismo tiempo la valentía para mirarlo a los ojos fijamente y atravesarlo como una sombra. Vive en mí y me acompaña todo el día, pero le he quitado el poder de usurpar mi lugar y escribir mi historia, porque la única autora de este libro soy yo.

Estas son algunas reflexiones que me han marcado estos primeros 33 años de vivencias. Me emociona pensar todo lo que seguiré creciendo y aprendiendo en el tiempo que me quede para recorrer este camino, este juego al que llamamos vida. 

Me siento infinitamente bendecida por absolutamente todo lo que me ha traído a este preciso momento de mi existencia, a ser esta versión de mi misma. Agradezco a esos golpes que me rompieron y me permitieron reinventarme en esta que soy hoy, y me abro a recibir los futuros golpes que me seguirán formando y transformando en quien sea que seré mañana. 

Por último, te agradezco a ti que me lees por permitirme compartir contigo reflexiones tan personales.