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Por alguna razón buscamos nuestro valor o aquello que sentimos que nos hace falta, de forma externa. Buscamos aquello de lo que carecemos en los ojos de otras personas, en nuestros logros, en nuestras posesiones y las experiencias que vivimos. 

Hace un tiempo escuché una analogía que me pareció excelente y es muy apropiada para ejemplificar esto que les estoy compartiendo; imagina que estás justo a punto de salir de tu casa con las llaves del auto en mano y justo antes de salir las tiras por accidente e inmediatamente se va la luz en tu casa, haciéndote imposible encontrarlas. Las buscas entre la obscuridad sin éxito y cuando te asomas por la ventana puedes ver que el alumbrado público tiene luz por lo que decides salir a buscar tus llaves donde puedes ver. Después de unos minutos, un amable vecino te ve buscando tus llaves y se ofrece a ayudarte a buscarlas. Tras buscar sin éxito el vecino te pregunta –¿Dónde perdiste las llaves? –a lo que tú le respondes –Dentro de mi casa, pero se fue la luz por lo que decidí venir aquí afuera donde hay luz y buscarlas –. 

No es necesario explicar la respuesta del amable vecino tras esa respuesta y conducta tan ridícula, sin embargo nos sirve como una dramatización de aquello que hacemos cuando sentimos un vacío interno, intentamos buscar en nuestro exterior eso que sentimos que nos hace falta dentro. 

La razón por la que deseas lo que deseas; llámese una relación, un trabajo, una posesión, una vivencia; es porque crees que eso en particular te va a hacer sentir amor, paz, seguridad o felicidad. Es por eso que las deseas con tanta fuerza y cuando no las obtienes sientes un vacío aún más grande, e incluso una vez que logras obtener lo que deseas te das cuenta que ahora quieres algo más y eso que has logrado ha perdido el sabor. Esto sucede porque estás buscando obtener una sensación con cosas externas, cuando en realidad, las verdaderas sensaciones que llenan esos vacíos, únicamente tú puedes dartelas. No son las cosas o los sucesos como tal los que determinan cómo nos sentimos, sino las historias y la interpretación que le damos a aquello que vivimos.

Piensa en algo que deseaste con todo tu corazón y que pensabas que una vez que lo consiguieras tu vida se sentiría “completa”. Puede ser que se te venga a la cabeza algún puesto de trabajo, alguna posesión como un coche, tal vez esa relación que tanto anhelabas o la familia que siempre soñaste. Una vez que lo lograste, casi en automático deseaste algo más, permitiéndote disfrutarlo por solo escasos minutos, si es que no te quitaste el mérito o menospreciaste el logro con pensamientos como “esto es algo que cualquier persona hubiera logrado” o “no es tan especial después de todo”. 

A decir verdad, cualquier cosa que desees para sentir completitud no te dará la satisfacción que estás buscando si no logras primero tu propia entereza. El actor Jim Carrey, dijo en alguna ocasión que ojalá tuviéramos toda la fama y dinero desde un principio para darnos cuenta que eso no es lo que nos da la plenitud. 

Te invito que analices y respondas este ejercicio:

1.- Piensa en aquello que deseas con toda tu fuerza: puede ser una relación con esa persona específica, tener una familia, conseguir un puesto de trabajo, alguna posesión o un estilo de vida ¿qué es?

2.- Una vez que lo tengas identificado completa esta frase: Ahora que tengo en mi vida (lo que deseas tener), me siento (completa con la mayor cantidad de emociones, sensaciones o sentimientos que se te vengan a la cabeza).

3.- Ahora que lo has identificado, piensa en cuándo fue la última vez que deseaste algo que podía hacerte sentir de la misma forma. ¿Lo lograste? ¿Cumplió tus expectativas de sensación/emoción?

Recomiendo ampliamente proponernos objetivos y trabajar hacia ellos. Creo que el desafío está en intentar llenar vacíos o determinar nuestro valor en ellos.

Reflexión: 33 vueltas al sol después...

Escribo esto el 4 de noviembre de 2020 a las 11 de la mañana. Hoy es mi cumpleaños y mi día favorito del año, los últimos 8 meses he estado en cuarentena debido al Covid-19 y a pesar de estar físicamente encerrada, nunca me he sentido más libre de permitirme ser Yo. Reflexiono y celebro todo lo que han sido estos 12 meses y en general, estos primeros 33 años de vida en los que he llegado a algunas conclusiones que me emocionan y me atrevo a compartir:

1  “Yo sólo sé que no sé nada”: dicho por un hombre que dejó algunas de las aportaciones más increíbles de la historia. Sócrates, reconocido por su impresionante filosofía llegó a la conclusión que en verdad no sabemos nada. Este último año he aprendido que nunca terminamos de ser, estamos en constante evolución, cambio, crecimiento y mejoría. No lo sé todo, es más, no sé nada y cuando me lo repito me permite ser humilde, seguir aprendido de aquellos que me rodean, incluso de quienes me han hecho daño y por todo eso me emociona la versión de mí que me espera en el futuro.

2  Baila como si nadie estuviera viendo: poco a poco he dejado a un lado lo que opinan los demás para conectarme más con quién en verdad soy y lo que puedo aportar a aquellas personas que me rodean. El primer paso fue dejar de opinar sobre la vida de los demás y curiosamente eso me liberó de lo que los demás pudieran opinar de la mía. Me soy fiel, me soy leal y me encantan los frutos que esto ha tenido en mi vida.

3  Vive jugando: la realidad es que a nada le debemos dar mucha importancia. Todo es prestado y eventualmente lo devolveremos. El aceptar mi propia muerte y la de las personas que me rodean me permite darme cuenta que ninguna decisión es tan definitiva, la vida es un juego y la gente que nos rodea conforma a nuestro equipo. El fracaso tampoco es definitivo, es un paso solamente, como una casilla en un tablero de juego de mesa, y al entender que no es un destino, decidí no temerle, mirarle a los ojos, aprender de él y levantarme de cada situación. 

4  Todo es temporal: aceptar que los ciclos se cierran por más que me aferre a prolongarlos, me permite soltar el control y confiar. Entender que hay caminos que se separan y probablemente se vuelven a unir en diferentes formas, me invita a apreciar y honrar la presencia de cada persona, situación o circunstancia que visita mi vida. Siempre seguimos avanzando, la vida está en constante movimiento y al no poder controlarlo todo debemos aprender a soltar, pero eso no significa que nos dejaremos caer por completo al vacío con los ojos cerrados sin la certeza de si eventualmente chocaremos contra el suelo, más bien significa que debemos aprender a soltar el control de ciertas cosas, teniendo la seguridad de que al final de ese vacío hay una red en la que todo, todo, absolutamente todo se conecta y eventualmente nos dejará entender el por qué de las cosas.

5  ¿Cómo sientes los pies?: lo único que tenemos es el momento presente. El pasado ya no existe y el futuro es sólo una idea. Cuando mi cabeza me lleva al pasado o me quiere tentar con la idea de que tengo el control del futuro, me pregunto –¿cómo sientes los pies? 
Pongo atención en cada uno de los detalles y sensaciones y me permite regresar a este momento. Me rehusó a tener esa ilusión de que cuando logre ese “algo” entonces podré ser feliz. Tengo todo para sentirme plena, amada, celebrada, tranquila y feliz en este momento. No hay nada fuera de mí que pueda darme algo que no pueda darme yo misma.

6  Gracias, templo: reconozco mi cuerpo como un préstamo, no soy este cuerpo y a la vez le agradezco y honro por ser mi contacto con todo aquello que alguna vez he amado. Agradezco a mis ojos que me permiten ver el mar, mis oídos que me permiten escuchar la risa de mis seres amados y amadas, a mi piel que es el vínculo que tengo para sentir el calor de aquellas personas que amo. Aprendo todos los días a honrar mi templo, a cuidarlo y a no juzgarlo por cómo creo que se debería de ver. Agradezco todo lo que hace por mí sin que se lo pida. Gracias, templo.

7  Cada quien hace lo mejor que puede: no importa que tan profunda sea la herida, aquella persona que nos lastimó lo hizo pensando que era lo mejor que podía hacer con lo que tenía en ese momento. ¿Lo hizo por miedo?, ¿por ignorancia?, ¿por protección?; no es importante. El entender que todas y todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos me permite perdonar a quienes me lastiman o lastiman a mis seres más amados y amadas. También me permite perdonarme a mí por las decisiones que he tomado y que me han hecho arrepentirme. Ya no soy esa persona y ahora sé lo que a ella le hizo falta saber para tomar una mejor decisión.

8  No soy mi miedo: He aprendido a reconocer ese gigante inmenso que vive en mi cabeza, lo honro y lo respeto, pero he aprendido a liberarme de él. Reconozco el poder que puede tener sobre mí y lo inteligente que es para convencerme de todo lo que podría salir mal. Al reconocer su poder me da humildad ante él y al mismo tiempo la valentía para mirarlo a los ojos fijamente y atravesarlo como una sombra. Vive en mí y me acompaña todo el día, pero le he quitado el poder de usurpar mi lugar y escribir mi historia, porque la única autora de este libro soy yo.

Estas son algunas reflexiones que me han marcado estos primeros 33 años de vivencias. Me emociona pensar todo lo que seguiré creciendo y aprendiendo en el tiempo que me quede para recorrer este camino, este juego al que llamamos vida. 

Me siento infinitamente bendecida por absolutamente todo lo que me ha traído a este preciso momento de mi existencia, a ser esta versión de mi misma. Agradezco a esos golpes que me rompieron y me permitieron reinventarme en esta que soy hoy, y me abro a recibir los futuros golpes que me seguirán formando y transformando en quien sea que seré mañana. 

Por último, te agradezco a ti que me lees por permitirme compartir contigo reflexiones tan personales. 

Recuerdo a la primera pareja con la que trabajé. Entraron a mi consultorio un sábado a las nueve de la mañana, ambos rondaban los cincuenta años de edad y ella era un poco mayor que él. Tenían dos hijas adolescentes y él llevaba más de tres años limpio después de haber combatido una adicción terrible a la heroína. 

El motivo de la consulta fue uno de los más comunes, problemas de comunicación. Al explicarles cómo funcionaba la terapia, les comenté que yo les daría herramientas para que trabajaran en casa y utilicé, como lo hago constantemente, la analogía del ejercicio y la disciplina pero en la relación amorosa. La reacción de él me dejó atónita, llevó la cabeza al cielo y me dijo que estaba cansado y que él ya no quería trabajar más, que la razón por la que venían a terapia era porque esperaban que yo solucionara el matrimonio porque ellos ya lo habían intentado. Aquel día no pude entender cómo una pareja que venía a terapia no estaba dispuesta a trabajar en la relación, pero con los años trabajando con más pacientes me ha quedado muy claro una cosa: no nos enseñan que una relación se trabaja. 

Muchas personas creen que tener una relación exitosa es una casualidad y que aquellas personas que las tienen han sido muy afortunadas. Incluso creen que el problema está en su pareja actual y que seguramente “allá afuera” debe de estar su alma gemela, esa persona con la que una relación sí podría funcionar sin mayor esfuerzo. Pero todo esto no es verdad. Formamos parte de la generación de las múltiples opciones, donde tenemos al alcance de nuestras manos un sin fin de posibles parejas con el simple deslizar de un dedo. Creemos que si la relación no funciona es porque no hicimos el Match correcto y que la persona ideal sigue “allá afuera”. Olvidamos que no hay una solución mágica y que las cosas que valen la pena, conllevan trabajo, disciplina y sobre todo decisión. Pensamos que por estar en una pareja tenemos “derechos” y que de no recibirlos podemos exigirlos o reclamarlos. 

Me topo constantemente con parejas con estos bloqueos dentro de su relación. Creen ser la excepción porque en su relación las cosas no terminaron con un “felices para siempre” como lo prometían las películas. La realidad es que el éxito de una relación no es un guión que se escribe y entonces sucede a la perfección, o un código que se descifra y entonces se logra acceder a la felicidad. El éxito en una relación es un trabajo diario en conjunto y comienza por una decisión personal. Debemos decidir esforzarnos y saber que por más pequeña que sea la decisión, eventualmente marca la diferencia. Es verdad que si hoy decides no despedirte de tu pareja con un beso a la hora de dormir no pasa nada, como tampoco pasa nada si después de treinta años de no hacerlo decides hacerlo por un día, pero la suma de estas decisiones harán toda la diferencia. Si tú tomas la decisión de besar a tu pareja antes de dormir todas las noches, estás fortaleciendo la relación. De la misma forma que si decides no preguntarle todos los días a tu pareja – ¿cómo estás?–, eventualmente la relación se debilitará.

Te invito que hagas consciencia de las decisiones que estás tomando en tu relación. ¿Tus decisiones se alinean a la relación que te gustaría tener? o ¿acaso estás esperando que por casualidades del destino tu relación se fortalezca y conectes de manera profunda con tu pareja?

Como lo he mencionado antes, es común que al inicio las relaciones se desenvuelvan con mayor facilidad por estar en la etapa del enamoramiento, sin embargo, una vez que este proceso químico se termina es fundamental trabajar la relación y tomar decisiones que estén alineadas con lo que en verdad deseamos. Mi recomendación es que si están en los primeros dos años de haber comenzado una relación, fortalezcan los pilares de la misma con rituales que les hagan sentir más en conexión. Estos rituales son pequeñas decisiones que se toman todos los días, sin importar si llevan dos meses saliendo o si llevan cincuenta años de casados, son acciones que pueden fortalecer la relación en cualquier etapa. 

Estas son algunas ideas de rituales que pueden implementar con la pareja:


1) Todas las mañanas antes de salir de la cama recuerdale a tu pareja tres cosas que aprecias de él o de ella.

2) Antes de que cada uno inicie su día con sus rutinas individuales, procuren darse un beso que dure al menos tres segundos.

3) No te despidas de tu pareja sin antes saber por lo menos una cosa que tiene planeada para ese día. Puede ser una junta importante en el trabajo, una cita en la escuela de los o las hijas, o una reunión con alguna amistad o familiar.

4) Cuando vuelvan a encontrarse pregúntale a tu pareja cómo ha sido su día y escuchale de forma genuina.

5) No se vayan a dormir sin despedirse, a pesar de que duerman en la misma cama tomen unos segundos para desearse las buenas noches. 

Al ser rituales diarios en realidad no pasa nada si no los haces un día, de la misma manera que no pasará nada si únicamente los haces un día, pero, si tomas la decisión de incorporar estas y otras acciones en tu día a día, te puedo asegurar notarás la diferencia. 

Gracias por leerme, espero estos consejos te sean de gran utilidad en tu relación actual o futura. Recuerda que también puedes escucharme en mi podcast a través de Spotify para más tips sobre relaciones y sexualidad: 

A pesar de que todas las personas tenemos diferentes metas y deseos, Tony Robbins asegura que tenemos en común seis diferentes necesidades humanas que van a ser el motor de nuestras decisiones para satisfacer todo lo que queramos, ya sea de forma consciente o inconsciente. 


Certeza o certidumbre: es la seguridad de que podemos evitar el dolor y obtener placer.

Incertidumbre o variedad: necesidad por nuevos estímulos, novedad y cambio.

Significancia: la necesidad de ser único o única, importante, especial y sentir que las demás personas te necesitan.

Conexión/ amor: un sentimiento intenso de conexión ya sea con algo o con alguien.

Crecimiento: la necesidad de expandir nuestra capacidad y entendimiento.

Aportación: necesidad de servicio y ayudar a las demás personas.

Por lo general, todas las personas tenemos dos necesidades que encabezan nuestra lista y podemos intentar satisfacer estas necesidades con conductas positivas o con conductas autodestructivas. ¿Puedes identificar cuáles son las tuyas?

Certeza o certidumbre:

Cuando la certeza es una de las necesidades principales, las personas harán todo para intentar predecir lo que puede pasar en el futuro. Por lo que es probable que se encuentren intentando controlar cómo se dan las cosas y el resultado final. Para poder vivir una vida donde se tenga la certeza de todo, tendría que ser una vida donde nada cambie y todo siga siendo lo mismo y esto es meramente imposible porque lo único cierto es el cambio.

Incertidumbre o Variedad: 

Las personas cuya necesidad principal o una de las principales es la incertidumbre, constantemente están buscando nuevas experiencias para salir de la monotonía. Esto se puede ver reflejado en un cambio constante de trabajo o relaciones para poder tener variedad. También pueden ser personas que buscan la adrenalina por lo que constantemente se exponen a situaciones de peligro. Estas personas no le temen a los riesgos ni a afrontar nuevas situaciones o personas.

Significancia:

Para aquellas personas que esta es una de sus necesidades principales lo más importante será que les noten, que les necesiten y destaquen de entre las demás. Cuando una persona cuya necesidad por la significancia es alta, buscará su validación a través de los y las demás. Puede ser que intenten destacar y llamar la atención con comportamientos positivos, como destacar en el trabajo por sus logros o bien, por comportamientos autodestructivos, como querer llamar la atención o sentirse significante al discutir, por lo que buscarán discusiones con frecuencia.

Conexión/ amor:

Esta necesidad se verá satisfecha al buscar constantemente un acercamiento profundo con las demás personas o con algunas cosas. El amor será extremadamente importante para las personas que tengan esta necesidad dentro de sus prioridades. Aunque por el otro lado, les es muy común sacrificarse y anteponer a su pareja para poder mantenerla contenta.

Crecimiento: 

Las personas con esta necesidad constantemente están buscando expandir su conocimiento y también expandirse como personas. Su dirección es hacia las metas, por lo que su desempeño en el trabajo es por lo general excelente. La contraparte es que al mismo tiempo pueden caer en el perfeccionismo.

Contribución:

Las personas cuya necesidad principal es la contribución son las personas que son felices ayudando a otras personas para generar un cambio. Al mismo tiempo puede ser que descuiden a las relaciones más cercanas por querer ayudar a personas desconocidas.

Todas las conductas que tenemos, ya sean funcionales o disfuncionales, están basadas en la intención de satisfacer las necesidades principales. Te invito a reflexionar ¿cuáles son tus necesidades principales? ¿cuál estás intentando satisfacer haciendo lo que haces?

Una vez que reconoces tus necesidades principales puedes buscar conductas y tomar decisiones más funcionales que estén alineadas con tus necesidades.

Fuente: Team Tony, 2020.

Creo firmemente que existe una terrible confusión entre lo que es amor y lo que es codependencia, pues muchas de las ideas que se tienen sobre lo qué es amor en realidad son conductas codependientes que terminan lastimando a ambas partes que forman una relación, ya sea amorosa o de cualquier índole.

Erróneamente se cree que la codependencia es un fenómeno que se da únicamente en relaciones donde hay una persona adicta. Sin embargo, esto no es así. Cualquier relación puede ser codependiente con el simple hecho de que haya una persona codependiente en ella.

La base de la codependencia es el control. La persona codependiente intentará controlar y cambiar los comportamientos de la otra persona. Sin embargo esta manipulación se hará de forma sutil y a través de muestras de cariño. Melody Beattie, experta en codependencia, define a una persona codependiente como aquella que ha permitido que una conducta de otra persona le afecte, y que está obsesionada con controlar la conducta de esa persona. Es importante remarcar que lo que motiva a una persona a ser codependiente, es el miedo a perder el control o a sentir que puede perder a la otra persona. 

Es común que estas conductas se puedan confundir con el amor porque la persona codependiente utiliza muestras de cariño y atención para controlar o manipular a la otra persona, ya sea de forma consciente o inconsciente. Por ejemplo, una frase de una persona codependiente podría ser –le di todo y él/ella no hizo lo mismo por mí-. 

La diferencia entre amor y codependencia es que el amor se da y no se espera algo a cambio. Una madre no cuida y ama a su bebé esperando que el bebé la ame y le devuelva los cuidados. Sin embargo, en una relación, la persona codependiente hará todo por demostrar su “amor” o interés, pero no de forma incondicional, siempre lo hará esperando algo a cambio de la otra persona, aunque sea ser amada de regreso.

Cuando “amamos” esperando que nos amen de regreso, en realidad no es amor. El amor se da de forma incondicional. No esperes que tu pareja te ame porque tú le amas y no esperes que él o ella haga cosas por ti porque tú lo haces. Sin embargo, si estás en una relación donde tú amas y ese amor no es correspondido, tal vez deberías preguntarte –¿Qué hago en esta relación?–. 

Recuerda que para ti la persona más importante en una relación no puede ser tu pareja, debes de ser tú. Ámate a ti primero y al hacerlo no te pongas en relaciones de un solo sentido. Sí eres la única persona que está remando en tu relación y la otra persona no hace nada, fuera de pedirle que ponga de su parte, no puedes hacer nada para cambiar sus conductas porque de ser así estarías empleando la manipulación.

El amor es procurar la libertad de la otra persona sin esperar que se comporte de cierta forma y sin sentir que porque nos pertenece le podemos amar. Para poder evitar comportarte de forma codependiente, te invito a analizar los motivos de tu comportamiento. Algunas preguntas con las que puedes reflexionar estos motivos son ¿sientes que tienes que comportarte de cierta forma para que la otra persona haga o deje de hacer cosas? ¿esperas que la otra persona te sea recíproca con lo que tú haces y la forma en la que le amas y le ayudas? ¿sientes que si tú haces cosas por la otra persona entonces está en deuda contigo?Tómate un minuto para reflexionar tus respuestas. Si te interesa este tema te recomiendo el libro de Melody Beattie Ya no seas Codependiente (2019).

Entender los lenguajes del amor podría mejorar tu relación

Con el amor pasa algo similar que con las nacionalidades, dependiendo de los sucesos históricos las personas hablarán diferentes idiomas. Ya sea por nuestra historia o nuestra personalidad vamos a expresar nuestro amor de cierta forma y también vamos a interpretar las muestras o faltas de cariño de las demás personas dependiendo de nuestro lenguaje del amor.

Gary Champan explica que son cinco los diferentes lenguajes del amor. Cuando entendemos cuál de esos lenguajes es el nuestro, podemos expresar nuestras necesidades de una forma más clara y entender que alguien puede querernos y expresarlo de una forma completamente diferente. Por el otro lado, entender el lenguaje del amor de nuestra pareja nos permitirá expresarle nuestro amor en su idioma para que se sienta más amada o amado.

Estos son los cinco diferentes Lenguajes del Amor:

Actos de servicio: Todo aquello que se siente como un “apapacho” de cariño en acciones. A lo mejor puede ser cocinarle, ayudarle a doblar su ropa, hacerle algún favor.

Palabras de afirmación: Hacerle saber a la otra persona de forma verbal cuánto le apreciamos y valoramos. Puede ser desde un “te amo” o “qué rica te quedó la sopa hoy” hasta “eres el mejor jugando futbol”. Por solo mencionar algunos ejemplos.

Regalos: Estos no tienen que ser costosos, realmente son detalles. Estas son representaciones físicas que denotan que pensaste en la otra persona. Puede ser “fui a la tienda y te traje tu chocolate favorito”, “te hice esta carta de amor” entre otros.

Tiempo de calidad: Son los momentos en los que le dedicamos toda nuestra atención y energía a nuestra pareja. Pueden ser desde una plática (sin distracciones como el celular, la TV o los y las hijas), hasta alguna cena romántica o una escapada de fin de semana.

Contacto físico: Es hacerle saber a la otra persona por medio de abrazos, cariñitos, darle la mano e inclusive únicamente tocándole con la pierna mientras ven una película que le quieres. En este idioma no es necesario grandes muestras de contacto físico, muchas veces con el simple hecho de solo tocar a la persona al pasar a lado de ella puede ser una muestra de cariño.

¿Lograste identificar tu lenguaje y el de tu pareja en esas descripciones? Es común que cuando parejas vienen a consulta y alguna de las partes me dice –hago todo para mostrarle que le amo, pero nada es suficiente-, yo les pregunto – ¿has intentado hablarle en su idioma del amor o acaso le estás hablando en tu idioma del amor? -.

Yo te invito a que reflexiones ¿cuál es tu lenguaje del amor? Y ¿cuál es el lenguaje del amor de tu pareja? Una vez entendiendo que pueden ser diferentes, pregúntate ¿cómo puedo hacer sentir a mi pareja que le amo? Y también ¿qué puede hacer mi pareja para que sienta que me ama?

Identificar nuestro lenguaje y el de nuestra pareja será clave para comenzar a comprender mejor cómo se expresará el amor en la relación.

Salimos a buscar un mito, como quien sale a buscar un unicornio.

Entre más estudio el amor y las relaciones de pareja, más percibo la concepción tan errónea que tenemos de ambos conceptos. Escuchamos hablar de términos como “el alma gemela”, “la media naranja” y “el único amor verdadero”.  El Dr. Stan Tatkin asegura que todas las personas en el fondo sólo queremos ser amadas y prueba de ello es ver como todos salimos en búsqueda de nuestra alma gemela como si se tratara de llenar una vacante en nuestra vida. Vamos brincando de relación en relación con tal de no sentir el desamor, pensando que esta vez esa persona sí será “la correcta” y cuando resulta no serlo y la relación termina, percibimos el rompimiento como un fracaso porque en algún momento alguien nos vendió la idea de que una relación exitosa es aquella que es “para siempre”.   

Cuando vemos a una pareja de la tercera edad admiramos su relación como algo ideal. Fantaseamos que así es como se ve el “felices para siempre” sin saber realmente todo lo que ha pasado en esa relación y queremos salir a buscar eso mismo pensando que seguramente es perfecto.

Lo he dicho antes y no creo cansarme de decirlo, el felices para siempre no existe porque el “siempre” no es real (nada es para siempre, todo cambia) y la “felicidad” son momentos y no un estado permanente. Por lo tanto, salimos a buscar un mito, como quien sale a buscar un unicornio. 

Para encontrar a la persona correcta no es necesario tener una lista de cualidades, lugares específicos y estrategias de conquista. Para poder encontrar a la persona correcta con la cual tengamos una relación verdaderamente satisfactoria, primero hay que convertirnos en la persona correcta.

En series, películas, revistas y conversaciones en familia constantemente recibimos el mensaje de que para estar en completitud tenemos que estar en pareja, haciendo que el vacío sea casi tangible.

Como terapeuta de pareja he tenido la fortuna de observar a diferentes pacientes en distintas facetas y estoy segura que no importa que tan maravillosa sea nuestra pareja, nunca será capaz de llenar este vacío y en realidad no debe ser su responsabilidad. No podemos esperar ver nuestro valor únicamente reflejado en los ojos de nuestra pareja, es necesario saber nuestro valor y proyectarlo en nuestra pareja.

Con mis pacientes me gusta hablar en analogías y cuando tratamos el tema de llenar este vacío, les digo que resulta extremadamente tentador salir corriendo y encontrar a quien sea con tal de no sentirlo, así como cuando sentimos hambre. Salir a buscar pareja para llenar el vacío sin haberlo trabajado, es como llegar a un restaurante con el hambre a tope. No importa qué hay en el menú, ni siquiera si en él está nuestro platillo favorito, o si nos estamos perdiendo la oportunidad de comer el corte de carne más delicioso que hayamos probado, es tal el vacío que vamos a satisfacer el hambre con lo que sea, incluso con el pan de cortesía, ¿el pan de cortesía?, ¡pero si ni siquiera hemos visto el menú!

Algo muy similar ocurre cuando escogemos nuestra pareja desde el vació. Ignoraremos todas las señales de advertencia, permitiremos situaciones que nos hacen daño o sacrificaremos quien en verdad somos con tal de estar al lado de alguien.

Cuando digo que para encontrar a la persona correcta debemos convertirnos en la persona correcta, no se trata de dejar de ser quienes somos para aparentar ser una o un prospecto más atractivo o atractiva. Más bien, se trata de llenar este vacío con nosotras y nosotros mismos para gravitar cerca y atraer a una persona con quien podamos formar una relación bonita. Se trata de espejear lo que buscamos en una pareja. ¿Quieres estar con alguien que te respete? Respétate tú primero, ¿quieres estar con alguien que te ame? Amate tú primero.

Si en este momento sientes ese vacío es importante saber que no necesitas de otra persona para sentir completitud, ya que en realidad nunca has estado incompleta o incompleto. Tienes todo dentro de ti para llenarlo contigo y compartir tu completitud con otra persona que también esté completa.

Como en todo, el proceso es lo más hermoso y si trabajas en ti y disfrutas el proceso, disfrutas tu transformación en una mejor versión de tu persona.

La falta de educación sexual tiene un impacto incalculable en diferentes áreas de nuestras vidas. Al ser el sexo un tema tabú, no se habla, ni tampoco se pregunta lo suficiente al respecto, pero aun así se buscan respuestas a las preguntas, desafortunadamente en los lugares incorrectos. Uno de esos lugares son las películas eróticas, en las que cada vez más, se basa la educación sexual de las nuevas generaciones.

A pesar de encontrarlo tentador, en este artículo no discutiré los aspectos éticos o no éticos de la industria pornográfica para alentar a que se deje de consumir, ya que el impacto está vigente y no por prohibir o ensuciar al porno la gente dejará de verlo de forma inmediata, por lo que seguirán basando mucha de su educación sexual en ello. Mi objetivo es más bien poder desmitificar la pornografía y hacer consciente a mis lectores y lectoras de que el sexo en la realidad no es como en esas películas.

Cuando hablo de sexo con mis pacientes muchas y muchos sienten que hay algo mal con ellas o con ellos porque no hacen o no les gustan las cosas como a “todas y todos los demás”. Cuando profundizamos de dónde vienen estas frustraciones y estas ideas de lo que “debería” de ser el sexo, muchas resultan ser ideas que nos ha vendido la industria pornográfica.

Ante esos casos, me gusta decirle a mis pacientes que esperar que nuestra vida sexual sea como el porno sería casi tan ingenuo como esperar que nuestra vida amorosa sea como una película de Disney. Las películas eróticas al igual que las animadas son fantasía y si deciden verlas y disfrutarlas es importante que se les vea como lo que son, películas de ficción.

Hace falta mucha educación sexual y los mitos que nos vende el porno son muchísimos. Sin embargo, hoy les quiero mencionar algunos de ellos para que estén conscientes y trabajen en quitárselos de la cabeza para comenzar a ver el sexo de una forma más realista:

  1. Un hombre siempre va a querer sexo: esto no es así, no todos los hombres podrán y/o querrán tener sexo en cualquier momento y en cualquier lugar.
  2. Cuando una mujer lubrica es porque está excitada: existen dos tipos de excitación; la física y la mental. Puede ser que una persona esté excitada físicamente (o sea que lubriqué y/o tenga una erección) y no esté excitada mentalmente. La excitación importante es la mental.
  3. La mujer llegará al orgasmo únicamente con la penetración: entre el 72 y el 80% de las personas con clítoris no podrán tener un orgasmo únicamente con la penetración, por lo que debe de haber estimulación externa del clítoris.
  4. Entre más ruidos haga una mujer en la cama mayor es el placer: no todas las mujeres hacen los mismos ruidos al tener sexo y el volumen o cantidad de ruidos no determinan el nivel de placer.
  5. A todas las mujeres les gusta el sexo violento: para saber cómo le gusta el sexo a una persona, te sugiero preguntarle en vez de asumir lo que le podría gustar.
  6. El tamaño del pene determinará el placer que siente una mujer: el tamaño del pene no es relevante, ya que las terminaciones de placer están en el clítoris, cuya estructura está al inicio del canal vaginal.
  7. No es necesario que el cunnilingus sea extenso, con unos segundos basta: para saber cómo le gusta el sexo oral a tu pareja y por cuánto tiempo, pregúntale para tener certeza.
  8. Existe un prototipo de genitales “normales”: el pensar que los genitales tienen una morfología idónea sería como pensar que todas las caras deben verse igual. Así como en el resto del cuerpo, en los genitales también hay asimetría y el tono de piel puede variar.

Estos son solo algunos de los mitos del porno en el sexo. Aceptar que las películas eróticas son ficción nos permitirá conectar y conocer cómo es realmente la sexualidad para cada quién.

Es primordial abrir el dialogo y eliminar las fantasías del porno que lejos de cooperar con la falta de información en el sexo, establece “ideales” inalcanzables que deja a sus espectadores y espectadoras sintiendo una desconexión y frustración sexual.

Cuando empiezo a trabajar con una persona que viene a terapia por desamor, invariablemente me preguntará lo mismo –¿Cuánto tiempo tardaré en olvidar a mi ex?– . Es algo que me resulta interesante, pero les entiendo, ya que yo misma me he hecho esa pregunta cuando he pasado por el proceso del desamor.  

Vivimos en una era en la que todo aparenta tener una solución rápida, lo que en inglés llaman “quick fix”. Queremos encontrar a nuestra alma gemela en una aplicación únicamente deslizando el dedo en la pantalla; esperamos bajar de peso tomando alguna pastilla sin la más mínima intención de mover un dedo; esperamos que con tan sólo firmar un contrato civil y otro ante nuestra respectiva iglesia encontraremos el “felices para siempre”, pero no tenemos la disposición de hacer nuestro trabajo personal y trabajar la relación. En el desamor la idea del “quick fix” no es una excepción, las personas que vienen a terapia ya sea por valentía o por desesperación están buscando lo mismo, una salida rápida al dolor.

Pensamos que el dolor es una tragedia e intentamos todo para salir de él. En terapia utilizó la analogía de que el dolor y el desamor se sienten como si nos lanzaran al mar abierto y no supiéramos nadar. Con terror ante el no saber qué hacer, es tentador aferrarnos a cualquier objeto flotante para darle uso de bolla, y al sentir que lo soltamos, la sensación de desesperación regresa. ¿Acaso no es esto lo que nos ocurre cuando saltamos a una nueva relación para evitar el dolor de la anterior, o cuando adoptamos un nuevo vicio destructivo como el alcohol, la fiesta o las apuestas para anestesiar esa herida? El aferrarse a una de estas “bollas” te dará la falsa sensación de que estás a salvo, sin embargo, si la sueltas seguirás justo en el mismo lugar, en medio del mar y sin saber nadar.

Al empezar la terapia con mis pacientes les hago saber que a lo largo de las sesiones les brindaré las herramientas necesarias para aprender a nadar, pero que será su esfuerzo, práctica y paciencia lo que en realidad les sacará del mar abierto para poder llegar a donde desean. Dicen que la suerte es cuando la preparación y la oportunidad se juntan, a mí me gusta pensar que el sanar es cuando el trabajo interno y el momento indicado se encuentran.

Para aprender a nadar y desenamorarte de tu ex no habrá un camino fácil, ni una pastilla o una aplicación que sane tu corazón. Será el tiempo y lo que hagas con ese tiempo lo que te llevará a sanar.

El amar es algo natural y no podemos apagar el amor por otra persona como si se tratara de un botón. A través del estudio, la práctica con mis pacientes y por mis vivencias personales, he aprendido que para desenamorarse de una ex pareja la única solución eficiente es enamorase de uno o de una misma, y con ese amor propio intentar llenar el vacío. Las personas no se olvidan, se superan y si quieres superar a tu ex debes comenzar a enfocarte en ti y en la persona que quieres ser cuando este proceso termine.

A pesar de especializarme en rupturas, estoy completamente segura que no hay un remedio rápido. El enamorarse de una o de uno mismo no es un proceso que tome poco tiempo y en muchos casos tampoco resulta ser tan sencillo. Así como nadar en mar abierto, al principio te costará mucho trabajo, eventualmente tus brazadas serán más fáciles, de vez en cuando habrá olas grandes y desafiantes que podrán darte la sensación de retroceso, pero si continúas braceando siempre lograrás llegar a la costa, a salvo.

Es probable que en repetidas ocasiones la vida te lance nuevamente al mar del desamor, pero cada vez tendrás más herramientas y más experiencia para nadar en dirección al amor propio y superar a tu ex.

El amor propio es un camino, no un destino.

Toda la vida escuché sobre la importancia del amor propio, pero no entendía cómo se veía, ni mucho menos cómo podía reflejarse en mis relaciones interpersonales. A decir verdad, la idea del amor propio me sonaba a cliché.

Con el tiempo he descubierto que el amor propio es el componente más importante en nuestro día a día, es la base de todas nuestras acciones, las cuales nos llevan a donde deseamos ir, o nos alejan poco a poco del camino hasta autodestruirnos con una serie de malas decisiones. El amor propio se refleja en las personas con las que nos relacionamos y en la manera en que nos relacionamos con ellas, desde lo que soportamos en nuestras relaciones interpersonales, hasta los hábitos que compartimos y que rigen nuestra vida. Por lo tanto, entre mayor sea el amor a nuestra propia persona, mayor será la calidad de nuestras relaciones.

Contrario a lo que yo alguna vez pensé el amor propio no es egoísmo, sino todo lo contrario. Una persona debe amarse a si misma para lograr tener una relación bonita, solo alguien que se ama, se respeta y sabe lo que es bueno para si misma, será capaz de establecer límites claros empleando una comunicación asertiva y dejar todo aquello que le hace daño.

Algo importante a tomar en cuenta es que una pareja no va ser más sana que la persona menos sana de la relación, por lo que es importante trabajar en el amor propio. Como terapeuta de pareja he podido evidenciar que cuando el amor propio está presente en ambos o ambas integrantes, la gran mayoría de las relaciones sanan.

El amor propio nace de la apreciación y gratitud a todo lo que somos hoy. Por ejemplo, es poder ver nuestro cuerpo y lejos de compararlo, es apreciarlo como un templo, que a pesar de no tener la apariencia que desearíamos, hace más por nosotros y nosotras de lo que podríamos llegar agradecer. Es reconocer que todo el tiempo nuestra piel regula la temperatura, sin siquiera pedírselo; es apreciar que nuestro corazón late 24 horas al día sin pedirnos permiso; es agradecer que inclusive al dormir nuestros pulmones respiran.

No tenía idea cómo se veía el amor propio y con el tiempo entendí que comienza con reconocernos, apreciarnos y agradecernos todo lo que ya somos. El enemigo del amor propio es la comparación.

Estas son algunas ideas para fortalecer el amor propio:

  1. Pon atención a tu diálogo interno: escucha la voz que tienes en tu cabeza y presta atención a lo que esa voz dice de ti. Nuestras propias palabras tienen un impacto muy poderoso en nuestra auto-percepción, así es que cuida mucho cómo hablas de ti.
  2. Revisa tu círculo: el 80% de los pensamientos que tenemos son negativos. Las personas con las que nos rodeamos son un reflejo del cariño que nos tenemos. ¿Cómo te hacen sentir las personas más cercanas a ti? ¿Te sientes bien contigo cuando estás a su lado o te hacen sentir mal?
  3. Celebra tus logros: no es soberbia saber reconocer cuando hicimos una hazaña, alcanzamos una meta, o tuvimos éxito con algo; es necesario. Ya sean grandes o pequeños, celebra cada uno de tus logros. No esperes a que las demás personas los celebren contigo, también aprende a celebrarlos por tu propia cuenta.
  4. Haz una lista de gratitud: todas las noches escribe esas cosas que te agradeces, pueden ser incluso cosas que tu cuerpo hace por ti. Cambiemos la lista de cosas que quisiéramos fueran diferente en nuestra persona, por una con todo aquello que sí somos y debemos agradecernos.
  5. Reconoce tu templo: tu cuerpo es tu templo, te invito a que las decisiones que tomes con él reflejen amor. Pon atención a cómo lo nutres, descánsalo y dale movimiento.
  6. Aprende a decir “no”: decir “no”, no te hace una mala persona. Decir “no” es un reflejo de auto-respeto.

El amor propio es parecido a un músculo, entre más lo practicamos más se fortalece. En un inicio practicarlo puede sentirse forzado y poco fructífero, pero con el tiempo es más fácil y los beneficios son inmensos. Sí te interesa tener una relación romántica sana, feliz y satisfactoria comienza a hacer algo hoy que refleje amor propio. Puedes empezar pensando ¿qué haría una persona que se ama a si misma?