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“Te doy la bienvenida al duelo tras la ruptura amorosa. Estás por atravesar una montaña rusa de emociones por lo que te sugiero abroches tu cinturón y asegures tus pertenencias porque habrá subidas y bajadas y una que otra vuelta inesperada. Sin embargo, si logras abrir bien los ojos en el proceso, al final agradecerás haberte subido esta montaña rusa“.

Tal vez así debería comenzar las sesiones cuando alguno de mis pacientes termina una relación amorosa. El trabajar con personas que han sido lastimadas en el amor es una de los trabajos que más disfruto hacer. Es un proceso increíble ver cómo una persona que llega al consultorio en uno de los momentos más dolorosos y vulnerables tiene la oportunidad de atravesar un proceso de reconstrucción donde re-acomoda sus piezas en una versión más fuerte, sensible y consciente de sí misma o mismo. Es como ver al ave Fénix renacer de sus cenizas, es ver como del dolor profundo surge una mejor versión de sí.

En esta montaña rusa se atravesarán 5 etapas del duelo. Como cualquier montaña rusa, el duelo no es una escalera. Lo que significa que no por haber atravesado una etapa no regresarás a ella. Puede ser que saltes de una a otra y no necesariamente en un orden establecido.

La primera etapa es la negación o shock. Esta etapa sirve para amortiguar la noticia y le permite a nuestra psique re-acomodar la nueva realidad. La nueva realidad es que la relación terminó y puede ser que lo primero que pensemos es “no puede ser, va a cambiar de opinión o va a venir a convencerme para que yo cambie de opinión” o simplemente “Estoy bien, no me dolió tanto”. Pasan las horas o inclusive los días y empezamos a dejar de negarlo y podemos ver que en verdad la relación se terminó y que esto nos afecta.

La segunda etapa es el regateo o negociación. Pensamos que, si actuamos de cierta forma, si nos vemos de cierta forma o si cambiamos las cosas que no le gustaban a nuestra ex pareja entonces podremos recuperarle. También en esta etapa puede ser que empezamos a salir con alguien más porque pensamos que “Un clavo saca otro clavo”. Es en este momento cuando pasamos horas intentando cambiar, pensando que de esta forma nuestra ex pareja regresará o se arrepentirá.

La tercera etapa es el enojo. Puede ser que una vez que ya no estemos en negación, hicimos todo para que nuestra pareja regresara y no regresó. O el clavo con el que intentamos sacar de nuestra cabeza y de nuestro corazón a nuestra ex pareja no funcionó. Entonces sentimos enojo. Puede ser enojo hacía nuestra ex pareja, hacía nosotras o nosotros mismos o inclusive hacía cualquier otra persona que nos rodea. Puede ser un momento en el que todo nos molesta, todo nos incomoda y nadie nos cae bien.

La cuarta etapa es la tristeza o depresión. Dicen que detrás del enojo se esconde una tristeza. Esta etapa puede ser posiblemente más fácil de identificar porque es cuando nos sentimos tristes y sin motivación. Puede manifestarse como falta de energía, falta o exceso de apetito, llorar, perdemos interés o placer en las cosas que nos gustan, insomnio o hipersomnia.

Por último, es la aceptación. No significa que por haber una aceptación ya no nos duele o que hemos olvidado a nuestra ex pareja. La verdad es que la gente no se olvida, sino que se supera y en esta etapa lo que significa es que aceptamos que la relación se terminó. Podemos recordar a nuestra ex pareja pero ya no nos genera el dolor y/o el enojo que pudimos haber sentido.

Si estás en la montaña rusa del desamor sé paciente. No es fácil y muchas veces el dolor puede ser tan fuerte que nos duelen partes que no sabíamos que podían doler. Recuerda que todo pasa y que a pesar de que puede parecer interminable, el dolor también pasará. Espero que tu recuperación sea pronta y que en este momento tan doloroso trabajes en ti y pueda ser un periodo de transformación. Te recomiendo buscar terapia para obtener las herramientas necesarias para poder trabajar en ti.

“No me lo dijo, pero me lo hizo saber, él ya no me quería”, relata Alina, una mujer de 34 años quien terminó con su novio con quien estuvo 4 años y ahora busca terapia.

Fue hace un par de meses cuando entró a mi consultorio con el objetivo de sanar sus heridas e identificar el por qué sigue el mismo patrón en sus relaciones de hombres inmaduros.
Estos últimos meses, Alina había estado tan tranquila, disfrutando de los aprendizajes de su duelo y completamente segura de no querer regresar con su ex pareja. Entonces vino el confinamiento.

Durante nuestra sesión online, Alina me compartió que no podía dejar de pensar en él, lo extrañaba como no lo había hecho en los últimos meses y estaba sorprendida que, a pesar de ella haber tomado la decisión de terminar, él nunca la volvió a buscar arrepentido por no haberla valorado. Mientras Alina relataba llorando su sentir durante la cuarentena, se quedó en silencio y alzando la mirada mojada me preguntó, “¿Qué pasó? Yo estaba tan bien y tan segura y ahora tengo estas ganas insoportables de buscarle”.

Entonces, yo me pregunto ¿Qué sucedió? ¿Será que Alina después de dos meses pudo sentarse y aceptar su tristeza? ¿Acaso reconoció los vacíos que la ausencia de su ex pareja había dejado en el departamento en el que alguna vez vivieron juntos? O ¿Quizás el estar sola en un departamento en confinamiento le estaba jugando una mala broma a su mente?

A nivel mundial se ha reportado un incremento en los niveles de ansiedad y de tristeza por el confinamiento, pero ¿qué pasa si sumado a esto alguien ya estaba atravesando un duelo? ¿qué se hace?

La tristeza y la ansiedad ya son emociones por las que atravesamos durante el duelo y es posible que el estar en confinamiento se reducen las opciones para distraer la mente y lo único que nos queda, es sentarnos con ellas y aprender lo que tienen que enseñarnos.
Si estás atravesando un duelo como Alina y el confinamiento te ha afectado de una manera sorpresiva, no te desesperes. Como terapeuta de pareja y tanatóloga de relaciones, estas son mis recomendaciones:
Lo primero que es importante tomar en cuenta es que todo es temporal y la tristeza o incomodidad eventualmente pasarán.

  • No te recomiendo que busques a tu ex pareja porque esto alentará tu proceso de sanación.
  • Escribe, se ha demostrado que escribir y tener un diario nos ayuda a tener claridad y sentido de dirección
  • Medita, ayuda a bajar el nivel de estrés y ayuda con los pensamientos obsesivos que se presentan en el duelo.
  • Haz actividad física, aunque no puedas salir, busca un lugar donde puedas seguir un video en línea para mantener actividad, aunque sea tres veces por semana.
  • Consiéntete, prepárate tu comida favorita, date un baño en la tina con velas, ponte una mascarilla o lo que sea que te ayude a sentir que te estás mimando.
  • Habla con una amistad o familiar con quien puedas platicar de tus cosas y también puedas reír.
  • Por último, permítete sentir lo que estás sintiendo y si son emociones incomodas recuerda que estos también pasarán.

Nota: El nombre y edad real de mi paciente han sido cambiados para proteger su identidad.

Hace unos meses terminé una relación muy importante para mí. Aun siendo tanatóloga y especialista en rompimientos de relaciones me topé con todos los fantasmas de los que mis pacientes hablan cuando llegan a mi consultorio. Después de un rompimiento, ya sea esperado o sorpresivo nuestra psique es un caos. La realidad a la que estábamos acostumbradas o acostumbrados ha cambiado.
Al terminar una relación, emprendemos el camino del duelo. La persona que atraviesa conscientemente este camino será una persona más fuerte y como resultado resurgirá una mejor versión de sí al completarlo.
Sin embargo, en este camino nos topamos con gigantes maestros como el miedo, la ansiedad, la tristeza y la desesperación.
Todas y todos atravesaremos una paleta de diferentes emociones y en mi caso, a pesar de saber toda la teoría y entender qué es lo que estaba pasando, tampoco lo hizo más fácil de sobrellevar.

Ambos de mis padres llevan años meditando y a pesar de mi resistencia en un principio, me han inculcado poco a poco el hábito. Los beneficios de la meditación son muchísimos y al buscarlos en internet la lista pareciera interminable. Es por esto que este escrito no es necesariamente de eso, sino de cómo la meditación puede ser una gran herramienta en el momento de atravesar un duelo. Lo cual no únicamente está basado en el progreso de mis pacientes, sino en mi experiencia personal también.
Me gusta usar la analogía de la mente y los pensamientos como un caballo. Si montáramos un caballo salvaje, éste nos llevaría a donde quisiese y con la velocidad que él decidiese. Por otro lado, si montáramos un caballo adiestrado, el o la jinete podría decidir el paso y la dirección que quisiera que su caballo tomara. Lo mismo pasa con el rompimiento, después de terminar una relación. Nuestra mente es como un caballo salvaje con pensamientos obsesivos y hasta lastimosos. La meditación nos ayuda a adiestrar nuestro caballo (o entrenar nuestra mente) y controlar los pensamientos que nos hacen daño.
Si estás atravesando por un duelo y te interesa comenzar a practicar la meditación y así poder controlar tus pensamientos y por ende tus emociones son varias las opciones que tienes para empezar. Puede ser que te interese comenzar con meditaciones guiadas, las cuales puedes encontrar en YouTube ya sea en inglés o en español. Donde nos dan sugerencias de la postura que debemos tomar hasta las instrucciones e imágenes que quien las guía describe.
Por el otro lado, puede ser que te interese más empezar en silencio. Te recomiendo sentarte y buscar una postura cómoda y poner el temporizador por cinco minutos. Enfócate únicamente en tu respiración, siente como se llenan de aire tus pulmones y como lo expulsan. Cuando lleguen a ti otros pensamientos no los entretengas, regresa nuevamente tu atención a tu respiración.
Mi recomendación es que para comenzar, medites todos los días por al menos 5 minutos. Poco a poco te recomiendo que vayas aumentando tu tiempo de meditación. Estoy segura que te será de gran ayuda en este proceso que estás atravesando.

Desmitificando la terapia de pareja.

He perdido la cuenta de todas las veces que al responder que soy terapeuta de pareja la gente me dice “espero nunca necesitar de tus servicios”. Existe la idea que la terapia de pareja es el último recurso para intentar salvar una relación y que vamos a terapia cuando lo hemos intentado todo o, peor aún, cuando llevamos años ignorando los problemas y alejándonos como pareja y uno de los dos integrantes de la pareja ha empezado a empacar sus cosas para irse.
¿Acaso cuando conocemos a un mecánico le decimos “espero nunca necesitar de tus servicios”? Por supuesto que no, le pedimos los datos en caso de necesitarlos. Es más, nos recomiendan llevar nuestro auto al mecánico cada 6 meses o cada 10 mil kilómetros para que lo chequen y le den mantenimiento.
Sin embargo, las relaciones y principalmente las relaciones de pareja son un área donde sin ninguna educación ni preparación se espera que tengamos éxito todos los días. Y si algún día pisamos un consultorio de terapia de pareja lo vemos como un fracaso y es porque lo hemos intentado todo y hemos fallado.

¿Cuándo es momento de ir a terapia de pareja?

Cualquier pareja puede beneficiarse de la terapia de pareja, independientemente de la etapa en la que estén. El año pasado a mi consultorio llegó una pareja que ella tenía 17 años y él 19 años. Los dos venían de familias disfuncionales y a pesar de haber empezado su relación algunos meses antes de ir a terapia, se habían encontrado repitiendo muchos patrones que habían copiado de sus casas y querían detenerlos y aprender nuevas formas de relacionarse. Utilizo esta pareja como ejemplo porque aprendí mucho de mis sesiones con ellos, sobre todo que no importa si llevamos 40 años de casados o simplemente algunos meses de noviazgo, siempre podemos aprender y mejorar la relación. La terapia de pareja es un lugar donde se aprenden herramientas para mejorar la comunicación, la empatía, la intimidad, la confianza, discutir de forma saludable y conectar como pareja. Todas estas herramientas van a mejorar tu relación y cuando vengan los tiempos difíciles, que todas las parejas los tienen, va a ser más fácil navegarlos.
Una buena terapeuta de pareja no es un árbitro que va a detener las peleas y darle la razón a alguno de los dos integrantes de la pareja, por lo contrario, les va a ayudar a ver las cosas desde la perspectiva del otro mientras aprenden técnicas para acercarse y regresar a los dos enamorados que algún día fueron.
La terapia de pareja puede ser preventiva, de mantenimiento o de reparación, pero no esperemos haber agotado nuestros recursos para buscar ayuda profesional y mejorar nuestra relación.